viernes, 12 de diciembre de 2014

Lucas 1,39-48 NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE

María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. 
Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,
exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?
Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.
Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor".
María dijo entonces: "Mi alma canta la grandeza del Señor,
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,
porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora.
En adelante todas las generaciones me llamarán feliz".

Hoy en estas tierras continentales, celebramos a la Madre de Dios, Nuestra Señora de Guadalupe, aquella mujer de “sobrehumana belleza, con vestido brillante como el sol” que en 1531, en diciembre, se apareciera a aquel indio Juan Diego, y que un día como hoy 12 de diciembre quedara grabada en su tilma ( especie de manto o delantal  que servía para protegerse y también para cargar frutos de la cosecha)  al cargar unas rosas de la cumbre del cerro Tepeyac en México. Grata fue la sorpresa cuando al dejar caer las rosas delante del obispo, que había pedido una señal a la Virgen que se comunicaba con Juan Diego, apareció aquella imagen de la Señora grabada en el lienzo.
Pió X la proclamó como "Patrona de toda la  América Latina", Pió XI de todas las "Américas", Pió XII la llamó  "Emperatriz de las Américas" y Juan XXIII "La Misionera Celeste del  Nuevo Mundo" y "la Madre de las América".

Esta historia, nos hace volver la mirada hacia la escena en la casa de Isabel. Es ella la que, poniéndose en lugar de todos nosotros, le dice: ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? 

Es que María va al encuentro. Se hubiera quedado con aquel mensaje del Ángel diciéndole lo de su hijo. Quedarse con aquella buena nueva para ella sola, sentirse orgullosa de aquel mensaje, refregar a todos la elección que había hecho Dios con ella por ser “tan buena”… pero no. Apenas supo lo de su prima, pensó en la necesidad que ella tendría de alguien que le ayude en esos momentos del embarazado y fue, salió apresuradamente, no dio vueltas, dejó la comodidad de su hogar, caminó y caminó días y noches al frío y al calor para socorrer a su prima y llegó, y hubo fiesta, y hubo confirmación de aquella revelación privada del Angel a María y hubo encuentro de primos cada uno en el vientre de su mamá.

Si, María viene a nuestro encuentro, como lo hizo con Juan Diego y como lo hace en cada rincón de esta América bendita. Ayuda, fortalece, da vida, engrandece a cada americano que busca el bien común.  Don Bosco decía: quien ha perdido la fe, primero ha perdido la devoción a María. Veamos nuestras latitudes como andamos, veamos nuestros hogares como están, veamos nuestro corazón como siente y vive… ojalá que María sea para nosotros , refugio y fortaleza, auxilio y templanza, pureza y paz.


Que el Buen Jesús nos de la gracia de amar a su madre, para sentirnos hijos, más hijos de Dios. y que nuestra América, halle paz, justicia social, desarrollo, cultura,  bienestar, seguridad social, que re encuentre a Dios, que no se deje avasallar por sistemas económicos esclavizantes o por gobiernos corruptos, que sienta la protección de María, que de paz a nuestras familias y sobre todo a nuestro corazón.
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