sábado, 6 de diciembre de 2014

Mateo 9,35-38.10,1.6-8.

Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. 
Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dijo a sus discípulos: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos.
Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha."
Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia.
"Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.
Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.
Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente."

Jesús recorría ciudades y pueblos…iba al encuentro de.

 ¡Qué sencillo hubiera sido quedarse en un solo lugar aprovechando su fama y esperar que la gente viniera a él!  ¡Al que quiere celeste que le cueste! decimos. Sin embargo, Él iba al encuentro de la oveja perdida como tantas veces nos dijo, dejando las que ya estaban en el redil, para buscar a la otra.

¿Cuánto estamos yendo nosotros al encuentro del que necesita estos días?. Mejor esperemos que
vengan a casa a tocar el timbre y pedirnos. Cuando lo hagan le daremos. Es que estamos muy ocupados, la llegada del fin de año exige compromisos, fiestas, despedidas, organizar la cena de navidad y año nuevo, las vacaciones que llegan, el automóvil  que debemos arreglar para estar listos, tiempo de balances, de despedidas, de cierre de ciclos…¿ir a buscar al que necesita?...no queda tiempo, no quedan ganas… Jesús fue al encuentro del que lo necesita. Nos invita con esto a mudar nuestra mirada al que necesita, al que pasará una navidad en soledad, con tristeza por miles de motivo, a volver la vista a los huérfanos, a los niños desamparados, al anciano abandonado en un asilo, y también al próximo, primera definición de prójimo, a papá a mamá, al abuelo, al hermano, a la empleada que trabaja en casa, al que viene diariamente a traernos el periódico, o al portero del edificio, o … cada uno puede darse cuenta a quien debe ir estos días .

La fiesta de Navidad en una fiesta del compartir, del mirar hacia el que más necesita. Y son muchos. Es una multitud silenciosa que muchas veces muestra cara de felicidad pero que está vacía de Dios aunque con mucha hambre de su Palabra. Es una multitud de gente que mira con mirada perdida, de niños solos, aunque con padres, de jóvenes que equivocan el camino destruyendo y condicionando su futuro con decisiones y adicciones, de matrimonios rotos, de familias destruidas. También hoy nuestro Señor, mira la realidad y siente compasión, no es esto lo que Dios pensó para nosotros, no es esto lo que pensó para el  mundo.

Nos pidió que le ayudemos, primero rezando, después proclamando con nuestra vida, no tanto bla bla, de decir , de hablar …nos manda a los “bifes”, curen sanen atiendan a los excluidos, luchen por ellos, sean instrumentos de paz, sean estandartes de esperanza, porten el mensaje de “si se puede”, vivan felices, construyan y ayuden a construir proyectos de vida, amen, bendigan, den gratuitamente, sean generosos con su tiempo, con sus dones y también con su dinero…


Navidad es ese tiempo de encuentro con nosotros mismos y los demás. Que Dios nos de la gracia de vivirla de manera cristiana.

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