lunes, 26 de enero de 2015

Lucas 10,1-9. TIMOTEO Y TITO

El Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir. 
Y les dijo: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.
¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos.

No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
Al entrar en una casa, digan primero: '¡Que descienda la paz sobre esta casa!'.
Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes.
Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa.
En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan;
curen a sus enfermos y digan a la gente: 'El Reino de Dios está cerca de ustedes'."


Hoy la Iglesia celebra a Timoteo y Tito, dos discípulos y colaboradores de San Pablo a los que nombró obispos.

Timoteo es la imagen del discípulo ejemplar: obediente, discreto, eficaz, valiente. Por estas cualidades Pablo quiso que fuera su compañero de apostolado,  durante el segundo viaje misionero en el año 50.

Tito, de origen pagano, convertido y bautizado por el mismo apóstol, que lo llama “hijo mío”, se encuentra en compañía de Pablo en Jerusalén, en el año 49. Hizo con él el tercer viaje misionero.

Ambos vivieron estas palabras del Evangelio que la liturgia nos pone a consideración para recordar a estos dos seguidores de Jesús a través de Pablo.
Ellos también vivieron la experiencia misionera de ir  a lugares desconocidos. Allí seguramente sembraron, no cosecharon. Fueron punta de lanza para el evangelio que ya llegaba.  Entonces, entre Timoteo y Tito que fueron a sembrar y el Señor que nos manda a cosechar , tenemos los caminos de nuestra vida de apostolado y de misión.

¿En nuestro ambiente debemos sembrar? Muchas veces lugares paganos donde no se habla de Dios, es más se vive como si Dios no existiera. Lugares donde los operarios, o los oficinistas, o los empelados, ponen su mirada en el objetivo final y Dios queda relegado al domingo…y eso.

¿En nuestro ambiente debemos cosechar? Esos lugares donde hace falta una simple palabra para traer la gente hacia el Señor. Muchos lugares donde hay hambre de Dios, donde están esperando que pongamos palabras a nuestro testimonio, de gente que se pregunta, primero, por qué estamos felices a pesar de todo, y ,segundo, que desea participar de esa felicidad y por distintos motivos no nos dice nada.

La cuestión es que sembrando o cosechando, Jesús nos manda “como ovejas en medio de lobos”, nos
pide que confiemos en la providencia (si aquellos apóstoles no aprendían a confiar en la providencia, ¿Cómo la predicarían?), que salgamos de la comodidad de tenerlo todo para partir a donde falta todo, que llevemos la paz, esto es buscar puntos que unan y no que desunan, hablar del bien, hablar del amor de  Dios, llevar paz y no discordia, ser mensajeros de un Dios amor, de un Cristo que ama. Nos manda “para que lo precediéramos en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir”, aunque esa ciudad y ese sitio sea nada más que el corazón del hermano. 
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