lunes, 30 de marzo de 2015

LUNES SANTO

Hoy Lunes Santo, el evangelio nos lleva hasta Betania, donde Jesús compartió una comida con Lázaro, Marta y María. Esta última ungió sobre los pies de Jesús un frasco de perfume muy caro, en señal de veneración a aquel hombre bueno que había resucitado a su hermano.
Estos días de semana Santa, nos llevan a mirar aquellos momentos últimos del Señor. Por eso, les propongo , adentrarnos en esos misterios de dolor que rezamos  habitualmente y que nos ayudan sobremanera a contemplar el rostro de nuestro amigo que sufre y entrega la vida por todos.

PRIMER MISTERIO DE DOLOR
Lectura del Evangelio según San Lucas. 22, 39-46
Salió Jesús, como de costumbre, al monte de los Olivos;
y lo siguieron los discípulos.
Al llegar al sitio, les dijo: "Oren, para no caer en la tentación".
Él se arrancó de ellos, alejándose como a un tiro de piedra
y, arrodillado, oraba diciendo:
"Padre, si quieres, aparta de mí ese cáliz.
Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya".
Y se le apareció un ángel del cielo que lo animaba.
En medio de su angustia, oraba con más insistencia.
Y le bajaba el sudor a goterones, como de sangre, hasta el suelo.
Y levantándose de la oración, fue hacia sus discípulos,
los encontró dormidos por la pena, y les dijo:
"¿Por qué dormís? Levántense y oren, para no caer en la tentación".

Ya había compartido la última  cena, adelantando la Pascua. Entonces, salieron del cenáculo y fueron hacia el Monte de los Olivos, donde se reunían  muchas veces. Esa media hora  de caminata  fue de angustia, de tensión, en medio de la noche  alumbrados por una luna que comenzaba a asomarse llena y hermosa. Una mezcla de sentimientos: la cena  última compartida con sus discípulos, había sido el culmen de sus enseñanzas, le había dejado hasta la última palabra que ellos, luego recordarían. Vio  salir a Judas, corriendo a cumplir “la tarea”.  Entonces sabía que había llegado  “la” hora  y deseaba tener esos minutitos de oración para encontrarse a solas con su Papá. 

Cuando llegó al lugar, dejó a sus discípulos, ocho, en un primer refugio, les dijo a Pedro Santiago y Juan que lo acompañen, pero los dejó en un segundo refugio. Él se alejó a la distancia de un tiro de piedra (¿treinta? ¿Cuarenta metros?).
La luna llena aparecía entre los olivos, dejando sombras y luces. Jesús comenzó a orar.

La cara en tierra, la oración llena de angustia. Era un momento complicado. Lleno de tristeza y de soledad.
Volvió buscando a sus amigos más cercanos, y los encontró dormidos, se habrá sentido más solo aún. ¿Por qué se durmieron? Como si a Jesús, fuerte y poderoso, que contagiaba entusiasmo, fe, amor, no le haría falta la mano amiga que lo acompañe.

En la transfiguración,  Pedro, Santiago y Juan, estaban  despiertos, radiantes, plenos. En las buenas, estuvieron. Ahora, en la noche, cuando  hay soledad, silencio, se durmieron. En las malas fallaron. El sopor  cerraba sus ojos. No había fortaleza para velar por el amigo.

Volvió a alejarse y rezar igual, pero su angustia era tan grande, que su transpiración se mezcló con gotas de sangre. Se produjo  hematidrosis,
que es cuando la  ansiedad provoca la secreción de químicos que rompen  los vasos capilares en las glándulas sudoríficas. Esto provocó que la piel quedara extremadamente frágil de modo que cuando  fue flagelado por el soldado romano al día siguiente, su piel ya estaba muy sensible.

De nuevo fue a buscar a sus amigos, y los halló nuevamente dormidos. Los despertó. Les dijo: Vamos, llegó la hora.
Después, vendría la traición de Judas, que guiaba a un grupo de soldados con espadas y palos. Lo arrestaron cual si fuera un ladrón o asesino, comenzó a ofrendar su vida, por cada uno de nosotros.

En el Huerto , hubo dolor, soledad, angustia, eso de sentirse solo , que nadie lo entiende. Por eso cuando sintamos que no nos entienden por llamarnos cristianos, cuando nos dejen solos, pensemos en Él, que habiendo dado todo, los “encontró dormidos”. Hubiera querido también Él, un abrazo contenedor. No lo hubo.
Luego vino el beso traidor, un “bastonazo”, una patota enardecida y envalentonada que no se animaba a mirar a los ojos a aquel maestro Bueno que había dado muestras solamente de misericordia.
¿Por qué duermen? ¿ Porque duermes pueblo mío? ¿Por qué duermes Iglesia? ¿No ves que hay muchos cristos que hoy sufren soledad y dolor, que hay muchos cristos que no tienen quien los defienda? ¿Por qué duermes joven ante la injusticia y el dolor? ¿Por qué duermes papás cuando tus hijos van por ahí vaya a saber acompañados con quien?  Por qué duermes cristiano, y te callas cuando me persiguen y abofetean en el rostro de tantos otros cristos que caminan el mundo? ¿Por qué te “borras” cuando hay tanto por hacer, defender, proteger? ¿Por qué  cuando hay luces y todo está bien, estás y cuando hay silencio, noche, soledad, tú a tú con Jesús no estás? ¿Por qué duermes si hay cristos solos que deciden quitarse la vida por sentirse de nuevo solos?

Ojalá que le podamos dar esta respuesta:

Para que mi amor no sea un sentimiento 
Tan solo un deslumbramiento pasajero 
Para no gastar las palabras más mías 
Ni vaciar de contenido mi te quiero 

Quiero hundir más hondo mi raíz en ti 
Y cimentar en solidez, este mi afecto 
Pues mi corazón que es inquieto y es frágil 
Solo acierta si se abraza a tu proyecto 

Mas allá, de mis miedos, más allá de mi inseguridad, 
Quiero darte mi respuesta 
Aquí estoy para hacer tu voluntad 
Para que mi amor sea decirte si, hasta el final 

Duerme en su sopor y temen en el huerto, 
Ni sus amigos acompañan al maestro, 
Si es hora de cruz, es de fidelidades, 
Pero el mundo nunca quiere aceptar eso 

Dame a comprender, Señor, tu amor tan puro 
Amor que persevera en cruz, amor perfecto 
Dame serte fiel cuando todo es oscuro 
Para que mi amor sea más que un sentimiento 


No es en las palabras ni es en las promesas 
Donde la historia tiene su motor secreto 
Solo es el amor en la cruz madurado 
El amor que mueve todo el universo 

Pongo mi pequeña vida hoy en tus manos 
Por sobre mis inseguridades y mis miedos 
Y para elegir tu querer y no el mío 
Hazme en mi Getsemaní, fiel y despierto. 



Que  este LUNES SANTO nos encuentre vigilantes y atentos con nuestra propia vida y la de los demás. 
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