lunes, 2 de marzo de 2015

SEAN MISERICORDIOSOS Lucas 6,36-38.


Jesús dijo a sus discípulos:
«Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso.
No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.
Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes».

A veces cuando escuchamos o leemos aquellos pedidos de Jesús en el Evangelio, nos viene la idea, buena por cierto, de dejar ciertos vicios, o malas prácticas de nuestra vida, o alejarnos de ciertos lugares o personas. Es que la Palabra nos llama a la conversión.

Entonces es algo parecido a esa estantería que es nuestra vida, donde colocamos imágenes, libros o creencias, filosofías o doctrinas, la foto de amigos, amigas, las imágenes de ídolos falsos, de plomo pero con pie de barro. Colocamos nuestras seguridades: el dinero, las amistades, el poder, la soberbia, el orgullo, nuestras relaciones. Ahí, a lo largo del tiempo, hemos llenado de fotos (amarillas ya pero que aún nos dicen algo o nos recuerdan a alguien) de personas que nos hicieron el bien y de aquellos que nos hicieron el mal, a la que tenemos ahí para recordárnosla para el día de la venganza o para refregarnos el dolor cada tanto. ¿Cuántas cosas pusimos es esa estantería?

De pronto la Palabra, sacude ese mueble y caen una a una esas imágenes, personas, cosas, lugares, tiempo, recuerdos y casi, casi queda vacía.

 ¿la dejaremos así o la llenaremos de nuevo? Si la dejamos vacía o semi vacía, volverá con el tiempo a llenarse de lo mismo: no se trata de dejar lugares vacios en el corazón, sino de llenarlo de buenas cosas y acciones para que ya no quede lugar para lo otro. Mejor entonces será llenarlo de nuevo, nosotros, antes que los otros o las circunstancias.

Hoy Jesús nos dice no solo de nuevas cosas a poner ahí, sino el nombre de la nueva estantería:  Misericordia. Si ponemos las cosas ahí, todo cambiará de color, de forma de ver y vivir la vida. Ya eso de amar a los enemigos, nos será algo que lo haré un día como cumpliendo una orden, sino será una forma de vida, ya el juzgar a los otros, no entrará en mis conversaciones, ya no difamaremos, ni menos calumniaremos.

Nos pide un corazón misericordioso y nos da una pista nueva para conocer a Dios: ¡ASÍ ES ÉL!, nos pide que no solo dejemos de hacer el mal, sino que nos compadezcamos de las miserias ajenas, nos pide que seamos por tanto: amables, que asistamos al necesitado, que perdonemos, que amemos y seamos heraldos de reconciliación en la familia, con los amigos, en la sociedad, en el país. Nos pide tener un corazón compasivo con los que sufren  que supera la lástima :es el corazón que se mueve a la ayuda y el servicio, es tener un corazón solidario con aquellos que tienen  necesidad.


 ¡Que podamos vivir en misericordia, haciendo de ella, el marco de nuestras acciones, para que seamos un poquito más parecidos a Él!.
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