jueves, 2 de abril de 2015

JUEVES SANTO

Este Jueves Santo, el evangelio nos lleva a contemplar aquella última noche de Jesús junto a sus muchachos, su ejemplo de humildad , su enseñanza final: "¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes?
Ustedes me llaman Maestro y Señor; y tienen razón, porque lo soy.
Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros.
Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes."
Estos días de semana Santa, nos llevan a mirar aquellos momentos últimos del Señor. Por eso, les propongo, adentrarnos también hoy,  en esos misterios de dolor que rezamos  habitualmente y que nos ayudan sobremanera a contemplar el rostro de nuestro amigo que sufre y entrega la vida por todos.

JESUS CON LA CRUZ CAMINO AL CALVARIO
Ya había pasado la flagelación y la coronación con aquel casco de espinas. Para extrañeza de los verdugos, aquel hombre fuerte, alto, todo lacerado por latigazos, y sobre todo, lastimado en el corazón a causa de los insultos, burlas de los soldados, e indiferencia de los suyos, todavía daba batalla, aún tenía fuerza. Todavía se podía parar. Había que cumplir la sentencia. Faltaba poco para consumar la mayor injusticia de la historia.

Le habían puesto un manto púrpura para que la gente se mofe de Él, porque era una “caricatura” de rey.
Se la sacaron con saña, despegando los lugares donde ese manto de unió a las lastimaduras cicatrizadas…los quejidos de Jesús, aumentaba el morbo de los espectadores – verdugos, que no podían creer lo que aguantaba aquel carpintero de Galilea… había que hacerlo quebrar, que muestre gestos de dolor, para “justificar la tarea” de verdugo. La piel rota, la cara destruida…era un símbolo de la victoria y “fiereza” de aquellos verdugos. ¿Habrán sentido culpa alguna vez a la luz de los sucesos posteriores? ¿Sentirán culpa alguna vez los verdugos modernos?
Quedaba  el tramo final. Le pusieron el patíbulo, el palo horizontal sobre sus hombros. Unos 40 kg. Se lo ataron en sus manos. Un palo preparado a mano, con bordes filosos, con astillas que no tenían piedad en su piel lastimada, en su carne florecida. ¿o pensamos en un madero cepillado, lustroso, suave, liviano?.la piel sensible, el hombro todo lastimado…¿por qué aguantó tanto? ¿por qué no se quedó ahí nomás?

Comenzó aquel recorrido de 1000 metros.  Con pasitos de 25 o 30 cm. Habrá dado unos 2000 pasos que se hicieron una eternidad.

El peso del madero, el temblor de su cuerpo por la pérdida de sangre, los empujones, la sed, los pies descalzos,  la inclinación del camino, lo volteaban una y otra vez, golpeando su cara contra el piso, moliendo sus hombros y su columna, el peso de aquel palo , aumentaba  al caer. No tenía posibilidad de poner sus manos para evitar el golpe. Tenía sus rodillas desolladas, según el estudio de la Sábana Santa.

Sus pies aún respondían. Habrá tratado de esquivar piedras salidas, pozos, pero no había caso. Estaba turbado.

Sentía el rugir de los verdugos y la gente. Burlas y más burlas. Cada paso, era el último que daba. Ya no había vuelta atrás.

Su Mamá, seguía el recorrido. 1000 metros de pasión también para ella. Cuesta ver a un hijo sufrir. Peor ella que veía a su hijo absolutamente lastimado. Rogaba que llegara pronto el final del camino. Comprendía y aceptaba aquella misión que venía a cumplir Jesús. Pero le costaba porque era sangre de su sangre, carne de su carne. Cada latigazo también le dolía. Cada espina también le lastimaba aún más la cabeza. Cada paso con ese peso encima, hundía sus hombros más y más. Y todo, injustamente… habrá querido gritarle a más de uno: ¿Por qué le gritas, porque le insultas, porque le pegas? ¿no te acuerdas cuando sanó a tu mamá, a tu hijo? ¿qué hizo de malo para que lo traten así?...sin embargo, guardaba esto en su  corazón y sufría en silencio.

Aparecieron las mujeres que se acercaron casi como pidiendo perdón por todos, no
sintiéndose parte de ese festival de saña, de esa brutalidad asesina. Apareció una que sin miedo, sin vergüenza, limpió su rostro con mucha delicadeza y ternura. Jesús, aún como estaba le devolvió delicadeza y ternura quedándose en ese pedazo de tela, sagrada ya. Las mujeres, más valientes y comprometidas que sus discípulos.

Lo pusieron a ayudar al Cirineo. Habrá sentido entre lástima y asco por tener que estar en la mirada de todos, ayudando a un condenado  ensangrentado. Lo hizo por obligación. Seguramente Jesús en el trayecto, le habrá regalado consuelo, le habrá devuelto la
alegría de vivir, le habrá dicho palabras al oído, y habrá terminado el recorrido orgulloso de ayudar a Jesús. Y con la vida cambiada. Como hace con nosotros, que a veces ayudamos por obligación y terminamos con el alma reconfortada.

Lugares, personajes, situaciones. ¿Dónde estamos nosotros en este vía crucis?.

Muchas veces estamos detrás de las vallas, viendo pasar a Cristo, algunas veces con indiferencia otras con preocupación y esperando que rápidamente pase aquella escena para volver a la vida normal, pero ahí nomás. Nos cuesta comprometernos con el que necesita, con los hermanos cristos que desfilan cargando su cruz y a los que vemos pasar sin comprometernos, hasta a veces pensamos: ¡la tiene merecida!
O somos los que ponemos cruces en las espaldas de los demás: hijos que no se comprometen con la vida haciendo padecer a sus padres, padres que producen dolor y ponen cruces en las espaldas de sus hijos a los que dejan marcas imborrables con el tiempo ¿por qué te fuiste papá? ¿Por qué nos dejaste? ¿Por qué gastas tu plata en alcohol y vuelves borracho a casa, violentando a todos?
La droga, el alcohol, la vida anónima en las patotas, la irresponsabilidad al volante, son cruces que no solo uno lleva sino que hace llevar a los demás.

¿O somos los que nos reímos cuando alguien, por el peso de su cruz, cae una y otra vez?

¿Somos como aquellas valientes mujeres que abandonando la vergüenza, se atreven a dar testimonio de Jesús, incluso de un Jesús que, parece “derrotado”? ¿somos los que limpiamos el rostro de los Jesús que viven en cada hermano?

Ojalá que seamos  Cirineos de las cruces de los demás. Que nadie nos obligue,  que seamos voluntarios. Que donde veamos necesidad, estemos dispuestos a ayudar a cargar las cruces. Que nuestra mano esté siempre extendida para los demás.  A aquel Cirineo, lo obligaron a ayudar… que nosotros tengamos un corazón siempre dispuesto a ayudar sin que nos lo pidan, que tengamos un corazón solidario, naturalmente solidario, que conseguiremos siendo solidario en los pequeños detalles de cada día para con los que nos rodean.


No podemos permanecer al borde del camino sin sentir nada. No podemos borrarnos estos días haciendo actividades de puro ocio. Es el amigo que está ofrendando su vida, para que  tengamos Vida. Este vía crucis, no es un corso donde desfilan algunos y otros miran. Es el vía crucis de la vida, donde  debemos meternos a ser Cirineos, o Verónicas, u otros Jesús que llevan la cruz para salvar aunque sea a alguno de los que amamos.

Jesús  nos dice: me ves, así como estoy, con el camino en subida, todo lastimado y llagado, con el peso de la cruz encima, con la burla de todos, con mi poca visión, con mis tobillos que apenas responden, te digo: se puede. Se puede caminar, se puede uno levantar a pesar de las caídas, se puede vivir sin responder las ofensas, se puede… siempre encontrarás alguien que te de una mano. No te desalientes. Yo pude, vos también. Si mi final era la muerte, lo hice para que tu final sea el triunfo. Vale la pena el esfuerzo y a veces el sufrimiento. Con este camino, yo te doy la vida. No la desprecies.


Señor, es difícil seguirte,  cuesta aceptar la cruz,  cuesta subir el camino empinado siendo la burla de todos,  cuesta porque estoy lastimado y dolorido, porque ya no doy más. Cuesta serte fiel, sonreír a pesar de todo. Cuesta comprometerme con los demás, ayudarle a cargar su cruz… Jesús, nos señalará la madrugada del domingo y nos dirá : ¡VALE LA PENA!. ¡Vamos! No te desalientes



En este cuarto misterio doloroso Jesús con la cruz a cuesta, pidamos la gracia de ser  fieles, Y que nos decidamos de una vez, a ser Cirineos en el camino de la vida, sin miedo, sin vergüenza, sabiendo que en cada hermano al que ayudamos, ayudamos al mismísimo Señor Jesús
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