miércoles, 29 de abril de 2015

LA LUZ Juan 12,44-50.

Jesús exclamó: "El que cree en mí, en realidad no cree en mí, sino en aquel que me envió. 
Y el que me ve, ve al que me envió.
Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas.
Al que escucha mis palabras y no las cumple, yo no lo juzgo, porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvarlo.
El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he anunciado es la que lo juzgará en el último día.
Porque yo no hablé por mí mismo: el Padre que me ha enviado me ordenó lo que debía decir y anunciar; y yo sé que su mandato es Vida eterna. Las palabras que digo, las digo como el Padre me lo ordenó".

Siempre es bueno recordar aquella historia que nos contaron algún día:

Un profesor universitario retó a sus alumnos con esta pregunta:
– "¿Dios creó todo lo que existe?"
Un estudiante contestó valiente: Sí, lo hizo.
– ¿Dios creó todo?, pregunto nuevamente el profesor
– Sí señor, respondió el joven.
El profesor contestó:
– "Si Dios creó todo, entonces Dios hizo al mal, pues el mal existe, y bajo el precepto de que nuestras obras son un reflejo de nosotros mismos, entonces Dios es malo".
El estudiante se quedó callado ante tal respuesta y el profesor, feliz, se jactaba de haber probado una vez más que la fe era un mito.

Otro estudiante levantó su mano y dijo:
– ¿Puedo hacer una pregunta, profesor?.
– Por supuesto, respondió el profesor.
El joven se puso de pie y preguntó:
– ¿Profesor, existe el frío?
– ¿Qué pregunta es esa? Por supuesto que existe, ¿acaso usted no ha tenido frío?.
– De hecho, señor, el frío no existe. Según las leyes de la Física, lo que consideramos frío, en realidad es la ausencia de calor: "Todo cuerpo u objeto es susceptible de estudio cuando tiene o transmite energía, el calor es lo que hace que dicho cuerpo tenga o transmita energía. El cero absoluto es la ausencia total y absoluta de calor, todos los cuerpos se vuelven
inertes, incapaces de reaccionar, pero el frío no existe. Hemos creado ese término para describir cómo nos sentimos si no tenemos calor".
– Y, existe la oscuridad? Continuó el estudiante.
– El profesor respondió: Por supuesto.
El estudiante contestó:
– Nuevamente se equivoca, señor, la oscuridad tampoco existe. La oscuridad es en realidad ausencia de luz. La luz se puede estudiar, la oscuridad no, incluso existe el prisma de Nichols para descomponer la luz blanca en los varios colores en que está compuesta, con sus diferentes longitudes de onda. La oscuridad no. Un simple rayo de luz rasga las tinieblas e ilumina la superficie donde termina el haz de luz. ¿Cómo puede saber cuan oscuro está un espacio determinado?. Con base en la cantidad de luz presente en ese espacio, ¿no es así?. Oscuridad es un término que el hombre ha desarrollado para describir lo que sucede cuando no hay luz presente.
Finalmente, el joven preguntó al profesor
– Señor, existe el mal?.
El profesor respondió:
– Por supuesto que existe, como lo mencioné al principio, vemos violaciones, crímenes y violencia en todo el mundo, esas cosas son del mal.
A lo que el estudiante respondió:
– El mal no existe, señor, o al menos no existe por si mismo. El mal es simplemente la ausencia de Dios, es, al igual que los casos anteriores un término que el hombre ha creado para describir esa ausencia de Dios. Dios no creó al mal. No es como la fe o el amor, que existen como existen el calor y la luz. El mal es el resultado de que la humanidad no tenga a Dios presente en sus corazones. Es como resulta el frío cuando no hay calor, o la oscuridad cuando no hay luz.
Entonces el profesor, después de asentir con la cabeza, se quedó callado.
El joven se llamaba Albert Einstein

La luz vino al mundo y muchos no la reconocieron. Hoy pasa lo mismo, la luz está, Jesús está vivo, pero muchos no la ven porque prefieren taparse el rostro para vivir en la oscuridad.
Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas.  Quizás surjan esas preguntas: ¿ y los que no creen en Cristo?. Pero antes de preguntarnos eso, vale la pena preguntarse nosotros que hemos creído, que somos sus seguidores, que afirmamos la presencia de Jesús vivo, ¿qué hemos hecho con la luz recibida? Cantamos siempre : Llevo mi luz por la ciudad , yo la haré brillar… ¿así es? ¿ somos candelabros que llevan la luz del Señor a los ambientes dónde estamos? Ponemos luz o aumentamos la oscuridad? ¿Ponemos paz o discordia? ¿sumamos o restamos? ¿Somos cadenas que unen o somos alicate que rompemos uno a uno los eslabones de las cadenas hechas por otros?
Si somos de Cristo somos, de la luz, si hay oscuridad es porque muchas veces escondimos la luz, si hay oscuridad es que los luceros fueron apagando su pasión y su testimonio, si hay maldad capaz es porque los buenos nos cansamos, y dejamos hacer a los otros.

Si Jesús fue Luz, ojalá nosotros también.
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