sábado, 4 de abril de 2015

SÁBADO SANTO:

Hoy, hay silencio en la Iglesia. Es que miramos todos al sepulcro donde Jesús triunfará por vos y por mí. Siempre en cada Pascua hay algo en común de nuestros tiempos con los de Jesús. Por eso hoy, hay una:
ESPERA A LA LUZ DE LA LUNA
Yo no le cantó a la luna, porque alumbra y nada más
Le canto porque ella sabe, de mi largo caminar… dice la canción de don Atahualpa Yupanqui, y es lo que muy bien podría cantar el pueblo de Dios a lo largo de la historia.




Hoy, sábado 4, es luna llena. Ella nos lleva a vivir la Semana santa. Es la primera luna llena de otoño en estas tierras, la primera luna llena en primavera en las tierras de Jesús y también de Moisés.


Esa maravillosa luna, es la misma que acompañó al pueblo judío en aquella noche que decidieron salir de Egipto. Porque si bien eso ocurrió hace 3200 años, la luna sigue siendo la misma .Quizá la atmósfera era mucho más diáfana que hoy, porque no había contaminación de fábricas, motores, no había smog, por lo que aquella luna fue un faro perfecto… mejor dicho, esta luna, fue un faro perfecto para aquel pueblo, cielo diáfano que aún, por gracia, podemos ver en tantos lugares libres de humo y contaminación.

Es aquella misma luna que iluminó a Jesús aquellos días en que Él se aprestaba a celebrar la Pascua con sus amigos. Es la misma luna que iluminó el huerto de los Olivos cuando fue a rezar. Es la misma luna que ayudada por antorchas, iluminó a los que lo traicionaron. La misma luna que alumbraba esas noches que pasó el Señor esperando en vela que algún  funcionario decida su suerte, amarrado sus pies y sus manos, ante la burla de los que lo esposaron.

La misma luna que estuvo el jueves antes de que muera, iluminando los últimos minutos de Jesús. La misma luna que no pudo ver el viernes, el día en que murió, y que en realidad no vieron ninguno, porque como dice la Palabra, una gran oscuridad cubrió la tierra.

La luna que alumbró la piedra que cubrió el sepulcro y fue testigo cómo se removía con la fuerza de la vida resucitada que comenzaba a estar para siempre con nosotros.

Y así  como los satélites, nos sirven para comunicarnos entre los hombres al instante, por un momento pensé que esa luna podría ser un satélite del tiempo, y que mirándola, me mostrara  con mayor exactitud aquellos momentos grandiosos de nuestra vida primitiva: el paso por el mar, y los últimos momentos de Jesús con nosotros.

Ojalá que el tiempo ayude, que el cielo esté despejado sin nubes, para que todos  podamos hacer volar nuestra imaginación y darnos cuenta que la luna que hoy tenemos encima nuestro, es la mismísima luna que alumbro a Jesús, que alumbró a María, que
alumbró las travesías de Juan el Bautista, que alumbró al pueblo judío hace tanto tiempo. No hay otra luna, es la misma.


Que podamos contemplar la luna bendita que nos hablará de esos momentos difíciles ,crueles por los que pasó Jesús, pero también nos dirá como fue la noche del Sábado y la madrugada del domingo, cuando ella se estaba escondiendo y vio salir triunfante a Jesús del hueco de la tierra, glorioso, blanquísimo, radiante.
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