jueves, 30 de abril de 2015

SERVIR ES ALEGRÍA Juan 13,16-20.


Después de haber lavado los pies a los discípulos, Jesús les dijo: 
"Les aseguro que el servidor no es más grande que su señor, ni el enviado más grande que el que lo envía.
Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican.
No lo digo por todos ustedes; yo conozco a los que he elegido. Pero es necesario que se cumpla la Escritura que dice: El que comparte mi pan se volvió contra mí.
Les digo esto desde ahora, antes que suceda, para que cuando suceda, crean que Yo Soy.
Les aseguro que el que reciba al que yo envíe, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me envió".

Estamos en la última cena de Jesús con sus discípulos. Una charla, una pre mesa, una comida y una sobremesa que nos mantendrá en catequesis por un largo rato en este tiempo de Pascua.

Jesús acababa de lavar los pies a sus discípulos. Pedro había querido detener ese momento. No le parecía justo o que sea “una buena imagen” que su Maestro, su profeta, estuviera ahí de rodillas, lavando los pies sucios, lastimados, cansados, callosos de sus apóstoles, todos hombres rudos hechos en el trabajo. ¡Levántate Jesús, vamos, nuestro rey, nuestro gobernador, nuestro líder no puede estar haciendo estas cosas, eso déjalo para tus súbditos, para los que están “por debajo”! la respuesta de Jesús es severa con Él. Y el ejemplo es certero para nosotros: Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican.




Recuerdo una conferencia de un muchacho, con un cargo alto  de una empresa enorme de esas multinacionales, que un día, en una reunión importante con todos los iguales a él en jerarquía dentro de la empresa, vio venir al dueño de esa empresa. Poderoso, impactante… se le acercó, y le mostró los cordones de sus zapatos  desatados. Viendo que este muchacho tenía los brazos ocupados en carpetas y otros elementos, se agachó, ¡el dueño de la empresa! A atar sus cordones. El muchacho, confundido, casi molesto por no poder resolver de mejor modo esa situación, le pidió que dejara nomás que ya dejaba todo para atarse él mismo sus cordones. El jefe de levantó un instante y le dijo: déjame hacer este servicio, sino debo buscar otra persona a quien servir en el día… el muchacho decía una y otra vez: ¡mi jefe! ¡El dueño! ¡El poderoso no se avergonzó de atarme los cordones de mis zapatos! ¿Cómo no hacer lo mismo yo con los demás?  Dice que desde ese momento, su vida cambió y supo, tuvo la certeza que en el servicio estaba la ganancia de su vida.

¡Que habrán pensado Pedro y los demás después de que Jesús murió y resucitó? ¡Estuvo ahí a nuestros pies, limpiándolos, sacando el barro, perfumándolos, Él, el rey, el jefe, el Maestro, el profeta, Dios! ¿Cómo no hacer lo mismo? Y desde ahí, muchacho, chica, joven, papá, mamá, niño debes saber que nuestra vida, la vida del  cristiano es una vida de servicio, de humildad, de entrega, de mirar el polvo que hay en la vida de los demás y lavar, limpiar, perfumar esas vidas, con nuestro servicio.
 
Dormía y soñaba que la vida era alegría…
Desperté y vi que la vida era servicio…
Serví y vi que el servicio era alegría…
Rabindranath Tagore (premio Nobel de literatura 1913)






¿Ya serviste hoy? Hay infinidad de momentos en el día que puedes hacerlo, en el hogar, en el colectivo, con la familia, con los amigos, con la naturaleza, en la Iglesia, en la ciudad, con tus pares, con tus jefes, con tus empleados… personas en las que vive Jesús a quien servimos. Él nos dice YO SOY en la vida de los demás.
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