jueves, 21 de mayo de 2015

PARA QUE EL MUNDO CREA Juan 17,20-26.

Jesús levantó los ojos al cielo y oró diciendo: 
"Padre santo, no ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí.
Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.
Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno -yo en ellos y tú en mí- para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que yo los amé cómo tú me amaste.
Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo.
Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que tú me enviaste.
Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos".

La unidad será un signo por el que el mundo conocerá a los discípulos de Cristo.
Todos de una u otra manera conocemos la historia y la lucha de Mahatma Ghandi. Un gran hombre. Le tocó luchar contra el dominio británico en la India, realizó huelgas de hambre. Aprendió el conocimiento de Cristo y su ejemplo de humildad y esto lo hizo admirarlo, él, era un hombre que luchaba desde la humildad, desde el silencio, desde la no violencia.
Se maravilló de Cristo, de su sabiduría... pero, al final el dijo:

"Yo sería cristiano, sino fuera por los mismos "cristianos". 
 La traducción más cercana dicen que fue: 
"me gusta cristo, no me gustan los cristianos porque se parecen tan poco a su cristo".

Solo basta pensar cómo y cuanto llevamos el apunte a las bienaventuranzas, que son como los mandamientos de Jesús. Solo basta ver como las tres religiones nacidas de Abraham: judíos musulmanes y cristianos, cada uno va por su lado sin puntos de coincidencias. Solo basta ver los cristianos, nacidos desde Cristo, hablando mal unos de otros, destruyendo en vez de construir. Solo basta ver desde la misma Iglesia, como cada uno va como franco tirador creyendo que lo suyo es lo que vale y sirve…
No, muchas veces no somos signos de unidad, en nuestra manera de hablar, de obrar. Las limitaciones humanas afectan y mucho nuestras relaciones comunitarias, basadas a veces en luchas de poder también dentro del seno de cada grupo, con intereses que arruinan el mismo amor: el amor no busca su propio interés, nos dirá San pablo, no es mezquino, no hace alarde de sí mismo.

Hay muchos “jefes” o quienes pretenden serlo, y pocos servidores, de esos que nadie repara y que sin embargo levantar ladrillo a ladrillo esta unión pretendida por Jesús. Lo que pasa es que los otros, los que avasallan la unidad, construyen torres, de cartón, pero torres atractivas  que llevan gente. Luego se derrumban y quedan todos expuestos y mal heridos.

Sin embargo, Jesús ora en todo momento por nosotros, los que hemos venido por la acción de los apóstoles que escucharon a Jesús en la última cena. Somos parte de esa Iglesia, como lo serán aquellos que gracias a nosotros, se acerquen a estos muros y por los cuales también rezará Jesús.
¡Vaya honor!, ¡Jesús reza por vos y por mí! y estamos desatentos, y somos cristianos de chaqueta solamente, cuando en vez de trabajar por la unidad, sembramos cizaña con nuestros comentarios, difamamos, calumniamos, deseamos el mal, nos alegramos cuando al otro le va mal, nos burlamos de sus defectos, nos reímos del distinto, cuando no nos parecemos a nuestro Cristo, como dijo Mahatma Ghandi.
Hay muchos pequeños gestos de unidad que podemos hacer en el día. ¿Lo pensamos? lo hagamos. Nos pareceremos más a Cristo y su relación con tatita Dios.


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