miércoles, 20 de mayo de 2015

QUE TODOS SEAN UNO Juan 17,11b-19.


Jesús levantó los ojos al cielo, y oró diciendo:
"Padre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros.
Mientras estaba con ellos, cuidaba en tu Nombre a los que me diste; yo los protegía y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura.
Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto.
Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno.
Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad.
Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo.
Por ellos me consagro, para que también ellos sean consagrados en la verdad."

Miro a mi alrededor, en el auto, en el colectivo, en la facultad, en la familia, en el hogar, en ¡la Iglesia!... ¿somos uno?
Unidad soñada por Jesús.
 No una unión que significa perder identidad, dejar de lado personalidad, ser un corderito que siempre dice que si para que el otro no se enoje, o que obedece para no crear discordia.
 No una unidad disciplinaria donde todos levantan la mano aunque vaya en contra de las propias convicciones y valores,
No una unidad de patota que tiene “código” donde son todos unidos en pos del mal, de la destrucción y de protección al delincuente.
 No una unidad  de jefe y empleado donde uno da las órdenes y el otro obedece, que escuchamos hasta en matrimonios, usando hasta de la violencia física para conseguir esa “unidad”.
 No la unidad del “masacote”, todos amontonados, pegoteados, pero “atados con alambre” es decir atados por todo esto que les mencioné: miedo, orden, dictadura, violencia…

El pegamento para la unidad es el amor.

Entonces si voy con amor, soy elemento de unión, no de discordia. Entonces nos convertimos en promotores de la unidad verdadera: en Cristo. No avasallamos, proponemos caminos de unidad, porque dos son más que uno, tres más que dos y así. La luz de mi vela será mayor si la uno a la luz de otra vela y así.

Con mi mente limitada comprendí al Espíritu Santo, eso del amor que hay entre Padre e Hijo, porque cuanto más amo a mi esposa, más genero una energía que irradia a los demás e ilumina, bendice, pone buenas ondas, crea ambiente de paz, de serenidad, de alegría. Bendición y gracia que Dios nos da a los esposos: cuánto más amor, más bendición se irradia. Es algo que sale de esa unión, una fuerza generadora, que da vida que la sostiene que la fortalece. Si nosotros que somos limitados y finitos, generamos esto con nuestro amor, ¡cuánto más el Espíritu Santo!
 Esto porque estoy convencido que cuanto más unión tenemos entre nosotros, unión dada en el amor, más irradiamos buenas ondas, energía positiva, paz, serenidad, entusiasmo, contagiamos a los demás y los demás se unen: miren como se aman decían de los apóstoles de la primera hora, y ese amor, convertía, y aumentaba el número de los seguidores.

Cuida en tu Nombre a aquellos que me diste. En otras traducciones dice: ¡guárdalos en tu nombre…!...o sea en la irradiación de la santidad de Dios.  Hoy es un buen día para pedirle a Dios que nos cuide en su nombre, porque los cristianos muchas veces dejamos mucho que desear en la búsqueda de la unidad, será porque somos del mundo, porque nos traiciona lo humano e irracional, porque queremos imponer nuestra verdad, porque perdemos capacidad de diálogo, porque no sabemos discernir, porque creemos que estar unidos es estar dominados o dominar, porque decimos palabras que dividen, lastiman, ponen cizaña en las relaciones, hieren, porque a veces somos elementos de división en vez de unión.


Ojalá tratemos de ser parte de ese sueño del Señor: que todos sean uno, como tú y yo Padre, somos uno.
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