viernes, 26 de junio de 2015

LA CURACION DE LEPROSO Mateo 8,1-4.

Cuando Jesús bajó de la montaña, lo siguió una gran multitud. 
Entonces un leproso fue a postrarse ante él y le dijo: "Señor, si quieres, puedes purificarme".
Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Lo quiero, queda purificado". Y al instante quedó purificado de su lepra.
Jesús le dijo: "No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que ordenó Moisés para que les sirva de testimonio". (Palabra del Señor).
Enfermo de lepra= hombre excluido de la sociedad. Dos enfermedades en una, la lepra y la soledad impuesta. Una le desgarraba la piel, la otra le partía el alma.
El pecado nos produce un efecto de lepra: nos come, nos desgarra el corazón y muchas veces la salud del cuerpo, y nos aísla, nos separa del amor, nos aleja de seres queridos, nos vuelve a-dictos, o sea mudos ante los demás, nos aislamos.
Aquel muchacho tuvo la fortaleza de ir al encuentro. Había que romper las barreras de la exclusión impuesta. Corrió al encuentro de Jesús, se postró (Marcos dice que se puso de rodillas, o Lucas dice que se puso rostro en tierra) , se sintió nada ante la inmensidad de aquel Hombre, se sintió pobre de corazón, dependiente del amor de Dios, y aunque la enfermedad hacía mella en su cuerpo, se reconoció enfermo esto es: no estoy sano, la salud es el estado natural del cuerpo, esta enfermedad no me gusta, quiero salir de ella. Muchas veces ante nuestras “lepras”, nos quedamos conformes, nos acostumbramos a vivir así. Todos los hacen, decimos, es natural , decimos, todos son corruptos y lo que no “agarro” yo, irá a otras manos, decimos… y nos sentimos a gusto en nuestra enfermedad, y no nos damos cuenta que el estado natural, creado por Dios es el estado de Gracia, de bondad, que el estado natural es el Amor, son los valores . El ladrón cree que todos son de la misma condición, dice el refrán popular, entonces el leproso cuando veía sus hermanos en desgracia decía: ¡todos somos leprosos!, no tenemos cura.
No fue el caso de nuestro protagonista de hoy. Quería salir de su enfermedad, quería sanarse, quería curar. Para eso debía estar dispuesto a jugársela, a cruzar barreras, a salir del pozo, a no escuchar las voces que le decían “no se puede, es imposible”, o las voces del fracaso que nos quieren tirar abajo, que nos dicen: todo está bien, relájate, sos iguales a todos, todos somos débiles, quédate en el pecado, aquí estamos todos, Dios no te perdona, es un verso que te metieron, Dios es el autor de tus males, no existe Dios…
Ojalá que en algún momento, podamos asomar la cabeza, y pensar en nuestro estado de “salud y enfermedad”, y no quedarnos en nuestra enfermedad, sino querer vivir intensamente el estado de salud. ASI NOS QUIERE DIOS, SANOS, FUERTES, VITALES…
Quizás deberíamos ver en nuestra conciencia, todas esas enfermedades que se afincaron y se quedaron convirtiéndose en algo naturales: el chisme, las habladurías, el destruir a una persona con calumnias o difamaciones. El creerle al primero que venga con el chisme sin escuchar las “dos campanas” . El “no hacer el bien que podemos”, algo de lo que difícilmente confesemos, ese pecado de omisión que no ayuda a nadie. La lujuria al mirar, y necesitar ser deseada o deseado por cómo me visto. Los malos pensamientos de “no servís para nada, eres un fracasado, con razón nadie te quiere”, la desesperanza que no me deja creer en Dios, la desconfianza, la falta de optimismo que pecan contra la misericordia de Dios…y tantas formas de vivir en estado leproso y sentirme a gusto con esa enfermedad.
Ojalá, que dándonos cuenta, corramos al que nos salva y cura. Y aunque no necesitemos que nos toque, Él lo hará y sentiremos el abrazo generoso de Dios, la mano amiga de Jesús.

Recuerda siempre ¡SONRÍE DIOS TE AMA!
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