miércoles, 10 de junio de 2015

LA LEY Y LOS PROFETAS Mateo 5,17-19.

Jesús dijo a sus discípulos: 
«No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.
Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.
El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.»
En Hebreo se decía La ley y los profetas, dos categorías principales de los libros sagrados. La palabra Biblia se usa en griego. Significa cumplir, acabar, completar, en una palabra, todo lo que termina ( B. La.) . Jesús vino a dar fino cumplimiento o cumplimiento consentido, o cumplimiento desde el espíritu de la ley o inaugurar, comenzar, con el estado definitivo de la revelación. El antiguo testamento nos muestra un pueblo en camino, un estado de búsqueda, de espera. Jesús nos trae la novedad de la presencia de un Dios amoroso y bueno, misericordioso y justo.   Nos lo dice Él. Vine a dar cumplimiento a todo.


Si en el mundo fuéramos ordenados , respetuosos, amantes de la libertad propia y del respeto a la libertad de los demás, sabedores de nuestros derechos y estrictos cumplidores de deberes , ambos escritos en el corazón y en la buena educación, no harían falta tantas leyes que ordenen, por ejemplo el tránsito, que nos diga, por ejemplo, quien pasa primero, quien después…no habría  leyes que condenen el homicidio porque no habría asesinos, no habría disposiciones que regulen nuestras relaciones humanas, pues cada uno sabría qué hacer en cada momento. Sin embargo, como el comportamiento comenzó a enrarecerse, nacieron leyes, códigos de ética,  códigos de procedimientos, normas de conducta. Y con el tiempo actuamos “conforme a ley” haciendo lo que ella dice sin apartarnos un ápice de la letra, actuando muchas veces con frialdad, por el solo hecho de cumplir.
Con la cosas de Dios podemos caer en lo mismo. Esto de ser meros cumplidores de la “ley y los profetas”, de los mandamientos, de las normas, de los preceptos, nos deja en el rincón de los que pierden el espíritu de esa ley.
Y en el otro rincón, los que pensaban que con Jesús, venía la época de “todo está bien”, Jesús deja lo viejo, hace una nueva ley, más ligth, de menos observancias… Jesús dice: no vine a abolir la ley, sino a darle cumplimiento.
No es el mero cumplimiento de actos lo que nos llevará a la santidad, porque, de seguro no matamos, ni robamos metiéndonos en la oscuridad de la noche, en algún rincón de un hogar para extraer cosas que no nos pertenecen, pero muchas veces nuestras actitudes, esas que no ven los demás, son  malas. No matamos, pero odiamos, sentimos tanto rencor que asesinamos por dentro a una persona. No robamos, pero dejamos de hacer lo que debemos, nos borramos en horas de trabajo, no somos solidarios con el esfuerzo de los padres que pagan un estudio y andamos a la deriva, sin esforzarnos, sin estudiar…
Y tampoco lo otro de tomar a Jesús como compinche, como socio de aventuras, “el flaco”, el “barba”, creyendo instaurar una religión individual que tomo lo que me conviene y dejo lo que no me conviene.
Es Jesús, con el amor revelado, que nos muestra el verdadero sentido de la ley, de los mandamientos, o sea que debo vivir todo eso de acuerdo a la ley del amor, que si todos la cumpliéramos, no harían falta tantos mandamientos, dejarían de ser una exigencia, y dejarían de parecernos “piedras” que Dios pone en el camino para no dejarnos en libertad.

Si todo lo miro con los ojos de Jesús, seremos otros cristos. Si a todo me pregunto:  ¿Qué haría Jesús en mi lugar? seríamos más sabios, si en todo dejaríamos que el Espíritu Santo nos muestre el camino, viviríamos más serenos tomando caminos correctos que no significan que sean los más fáciles. Pidamos a Dios la gracia de gozar de su vida, en que todo sea hecho por amor y no por mero cumplimiento.
Publicar un comentario