viernes, 24 de julio de 2015

LA PARÁBOLA DEL SEMBRADOR Mateo 13,18-23.

Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador. 
Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino.
El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría,
pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe.
El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto.
Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno". (Palabra del Señor)
Recuerdo hace un tiempo ya, que en la televisión local, cuando había muy pocos canales de aire (es más, en mi ciudad había uno solo), no había señal por cable ni teníamos antenas satelitales en casa, siempre al final o casi al final de transmisión pasaban un mensaje grabado de un sacerdote.  Cuando este mensaje de no más de tres minutos, lo pasaban  antes del último programa, (a cierta hora, cerraba la transmisión ) , al padre le decían ¡padre ufa!, pues cuando anunciaban: mensaje a cargo del padre….¡ufa! exclamaban todos… bueno, ahora diríamos otras cosas más vulgares seguramente… con el tiempo, al mensaje del Padre lo mandaron al final de la transmisión, entonces el padre ufa, pasó a llamarse el ¡padre click!... quizás todos entiendan incluso aquellos que no pueden entender que la vida antes se vivía sin control remoto…
La Palabra está, la semilla llega, es esparcida por el sembrador divino, de una u otra manera. No era intención de Jesús discutir la capacidad del sembrador por arrojar semillas donde no debía, sino ver y revisar las distintas actitudes con que se recibe esa Palabra, esa semilla.
¿Cómo la recibes cuando llega por tu celular o móvil, por tu tablet, por tu PC, por tu notebook, o por la bendita Biblia de papel, el libro más vendido del mundo?
Será que llega a un corazón endurecido, como el camino, duro y pisoteado, hecho así por el paso del tiempo, por la rutina, obstinado por propias convicciones o por indiferencia, o porque queremos jugar siempre el partido con las propias normas, o las propias condiciones que suelo poner o porque soy un seguidor del Padre click que apaga todo apenas se nombra algo de Dios, o de sus cosas, sin darle una mínima oportunidad…
Será que llega a un terreno pedregoso o con espinas, los que viven una vida muy superficial y mundana, que no le dan tiempo a que la palabra eche raíces, se convierta en vida, que se dejan llevar por el flash de las luces, por la moda de lo religioso o espiritual, pero que viven a la par ahogados por las propias exigencias de las riquezas, del placer, de los vicios, del egoísmo, de la imagen, a veces de las preocupaciones a las que no colocan en el sitio justo, a tener, que vivir según las exigencia de la economía de mercado que quiere consumir, gastar, consumir, comprar, consumir, descartar…cuando nos pasa esto, capaz que escuchar la Palabra de Dios produce una incomodidad que nos convertimos en seguidores del padre ¡ufa! Y a la larga apagamos el mensaje.
Y después están (¿estamos?) los de tierra fértil, los de corazón esperanzados, los que escuchan, leen, meditan, dejan hacer raíces a la Palabra, que no son solo “pasadores” de la lectura sino que la dejan hacer en sus vidas, la dejan transformar cada célula del cuerpo, cada milímetro del pensamiento, cada rincón de la moral, cada segundo de vida…¡que seamos así como quiere Jesús!
Ojalá que la Palabra de Dios, sembrada en cada uno, dé frutos, muchos, al cien, al sesenta, al treinta, al diez, al dos…pero frutos para que los demás puedan alimentarse y vivir mejor. Que podamos transmitirla, siendo los nuevos sembradores, las manos de Jesús, el sembrador divino, que usa las nuestras para sembrar la semilla de la Buena Noticia.

¡Buena jornada para todos!…
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