jueves, 30 de julio de 2015

PARÁBOLA DE LA RED Mateo 13,47-53.


Jesús dijo a la multitud: "El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces.
Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.
Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos,
para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.
¿Comprendieron todo esto?". "Sí", le respondieron.
Entonces agregó: "Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo".
Cuando Jesús terminó estas parábolas se alejó de allí.(Palabra del Señor)
Hay alguien que sabe qué somos de verdad. Alguien que nos conoce, que descubre nuestros sueños, que sabe de nuestras ilusiones, que ve nuestros esfuerzos por ser mejores, que sabe de nuestra lucha diaria, que mira nuestros actos y actitudes de bondad, de honestidad (aunque nadie las note), que mira cuando cedemos un asiento en el colectivo, cuando damos una limosna con el corazón, cuando “perdemos” nuestro tiempo escuchando a alguien que necesita hablar cuando ello nos quita descanso o tiempo para cumplir nuestras obligaciones. Alguien que sabe esas noches en vela, cuidando a nuestros hijos, o a nuestros padres, o nuestros amigos. Alguien que tiene una medalla para el esfuerzo no reconocido por los de la propia familia incluso que siempre piden más y más de parte nuestra. Alguien que sabe de esas pequeñas luchas que hacemos todos los días y que nadie nota, contra nuestro defecto dominante, contra nuestro egoísmo, nuestro “destino prefijado” de repetir errores de nuestros ascendientes en el tiempo y que quieren transmitirnos esa “herencia”…
Y también es alguien que sabe todo eso que no queremos sacar del corazón, de la envidia, del egoísmo, de la deshonestidad, de la corrupción, sabe de nuestras fallas cuando nadie las nota , de nuestros disfraces de ovejas que tapan el lobo que somos… sabe cuando somos injustos, cuando nos quedamos con ilusiones, cuando ilusionamos a alguien con el afán de satisfacer nuestro yo, cuando robamos sueños de otros, cuando aceptamos el “no esfuerzo” para vivir, cuando nos dejamos corromper por otros sin hacer el mínimo esfuerzo por vencer…
En la red estamos todos, incluso dentro de la Iglesia, santa y pecadora. Al final, siempre vencerá la verdad.
Por eso, al final de los tiempos de cada uno, solo nos dirigiremos hacia uno u otro lado. Será el espejo el que nos devolverá nuestra imagen de luchadores por la verdad, la justicia, por el corazón puro y limpio, o de alguien que aparentó ser bueno y que en el fondo vivía  con un corazón corrupto.
Estamos a tiempo. Todos los días es una oportunidad para volver a empezar. Todos los días debo tomar decisiones sobre mis acciones: seré feliz, seré bueno, seré justo, seré paciente, seré misericordioso, aunque sea por hoy…mañana repetiré lo mismo. Pero debo recomenzar día a día. Servimos, somos útiles cuando somos buenos, cuando ponemos nuestra rueda en movimiento en las buenas acciones, cuando, desde el corazón demos lo bueno.
Por eso, llegado el momento uno saca de su arcón, todo aquellos valores buenos, y deja los malos
sabiendo lo que son. Cuánto ejemplo para los padres, que sacamos llegado el momento, aquello bueno que nos enseñaron y dejamos lo malo, tratando de no repetir errores, cambiando la historia, tratando de aprovechar eso que nos dieron como un uno del cual puedo construir un diez…que sea uno para los que vengan después.

Buen jornada para todos… los buenos peces, a reafirmar lo suyo, los otros…volver a empezar. Solo Dios ve lo que hay en nuestro corazón pues lo esencial es invisible a los ojos y eso lo sabemos desde chicos.
Publicar un comentario