viernes, 21 de agosto de 2015

AMOR A DIOS Y AL PRÓJIMO Mateo 22,34-40.



Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con Él,
y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
"Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?".
Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu.
Este es el más grande y el primer mandamiento.
El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas". (Palabra del Señor)

613 prescripciones… 248 hablaban del “SI” y 365 de las cosas que NO se debían hacer… un enredo de “protocolo” especificando como se amaba y alababa a Dios. Cumpliendo todo aquello, se agradaba a Dios y se estaba cerca de la salvación y de la bendición del cielo.

Entonces los doctores de la Ley le pidieron que se exprese o manifieste sobre cuál era el mandamiento más importante. Quizás con mala fe, como para que Jesús se exprese por algo diferente que pueda ser motivo de escándalo para condenarlo aún más con sus críticas y  blasfemias…quizás porque de verdad, tenían tanto enredo con las prescripciones que querían un poco de luz sobre lo que se debía creer o no.

La cuestión es que la respuesta de Jesús los deja pensativos, ordenados en su fe y nos pone luz sobre nuestras sombras y dudas.

Amar a Dios con todo el corazón, con toda tu alma con todo tu espíritu… con los sentimientos  sí, que van y vienen. No puedo estar con Dios solo cuando tengo ganas, solo cuando “lo siento”. Hoy el mundo se mueve con sentimientos y no está del todo bien. En un tiempo se decía: debo hacerlo, entonces lo hago… se pasó al quiero hacerlo entonces lo hago… si no quieres, no lo haces y listo… lo mejor sería debo y quiero, entonces lo hago. A veces la relación con Dios la hemos dejado para “cuando tenemos ganas” o para cuando alguna canción “nos eriza la piel”, rezamos con  puro sentimiento  que luego lo reemplazo con otra cosa cuando ya no “lo siento” . No siento que sea verdad las cosas de la fe, no siento la presencia viva de Jesús… si nos quedamos solo con los sentimientos, estos van y vienen…

Por eso dice con toda el alma, es decir con la afectividad, con la pasión, con todo aquello que vive en nuestra alma, nuestra forma de ser, nuestro temperamento y carácter… los sentimientos nos hacen hablar la boca…el alma nos hace expresar nuestra interioridad, nuestro ser, hace que salga a flote ese ser de luz que todos somos y que a veces pierde ante el odio o tantos deseos interiores que no son buenos…también es con fuerzas es decir con perseverancia, aún a pesar del tiempo transcurrido, renovando siempre nuestra pasión para con Dios y sus cosas. No podemos decir ni con Dios ni con nadie: lo amo como el primer día, porque quiere decir que no hemos crecido en amor, en apasionarnos por sus cosas, en gritarlo a los cuatro vientos, en profetizarlo, en testimoniarlo entre los tuyos
Y también dice con todo tu espíritu, ese que tiene la ventaja de estar pegado a Él porque es parte del gran Espíritu común que nos une a todos los que estamos unidos por la “comunión de los santos”… ese espíritu es el mismo que nos une a todos los que estamos peregrinando hoy, que ya pasaron por aquí y los que vendrán. Es el mismo espíritu que nuclea a María, a los Santos, a los apóstoles… es el Espíritu Santo en que estamos todos, vos y yo. Dejarnos habitar por Él es gustar de todo lo bueno, es ser eternos, es vivir para siempre, es sentir las caricias de Jesús, su amor personal…

El otro mandamiento principal, “semejante” al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Parece un mandamiento sencillo y fácil. Pero sería bueno examinar hoy cuánto nos amamos  o mejor dicho ¿cuánto me amo?. ¿Me cuido? ¿Me protejo, estudio, me capacito, quiero ser mejor, he perdonado mi historia de vida, he aceptado y acepto lo que soy, me cuido en las comidas y bebidas, me conozco, sé como reacciono ante la adversidad, he perdonado la falta de afecto que tuvieron conmigo en mi infancia y juventud, sé que soy valioso porque soy hecho a imagen y semejanza de Dios, estoy siempre disconforme con lo que tengo o soy, vivo siempre admirando a los otros y envidiando su fama, su familia, su estatus de vida, su profesión, sus amistades? ¿Trato de mejorar mi mal carácter, mis malas inclinaciones, trato de erradicar mis defectos dominantes a los que conozco para luchar contra ellos?... parece fácil decirlo, pero es tarea grande conocerME y amarME para salir al mundo a amar a los demás. Tenemos tarea ¿verdad?

Buena jornada para todos…
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