lunes, 14 de septiembre de 2015

FIESTA DE LA EXALTACIÓN DE LA CRUZ Juan 3,13-17.

Jesús dijo a Nicodemo:
«Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.
De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto,
para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.» (Palabra del Señor)

Hoy es la fiesta de le exaltación de la cruz. ¿Fiesta para exaltar la cruz? Parece una afirmación masoquista es decir de personas que disfrutan con un pensamiento, situación o hecho desagradable y doloroso.
Si esto pasara, estarías enfermo.
No es eso exaltar la cruz.

Es mirar a quien por amor, se entregó para que tengamos vida.

Martín Valverde, nos canta en nombre de Jesús:

Cuánto he esperado este momento, cuánto he esperado que estuvieras así. 
Cuánto he esperado que me
 hablaras, cuánto he esperado que vinieras a mí. 
 
Yo sé bien lo que has vivido, yo sé bien porqué has llorado; yo sé bien lo que has sufrido pues de tu lado no me he ido. 

Pues nadie te ama como yo, pues nadie te ama como yo; mira a la cruz, esa es mi más grande prueba. 
Nadie te ama como yo. Pues
 nadie te ama como yo, pues nadie te ama como yo; mira a la cruz, fue por ti, fue porque te amo. Nadie te ama como yo. 

Yo sé bien lo que me dices aunque a
 veces no me hablas; yo sé bien lo que en ti sientes aunque nunca lo compartas. Yo a tu lado he caminado, junto a ti yo siempre he ido; aún a veces te he cargado. Yo he sido tu 
mejor amigo.

Es que , como dice el evangelio , así como Moisés levantó una serpiente de oro, para que todo aquel que fuera mordido por una serpiente, se sane, se salve , ¡viva!, pueda seguir su peregrinar, tenga paz, encuentre alivio, también todo aquel que ande por la vida, triste, sin paz, cansado de sufrir y pelearla, desilusionado de las cosas, de las personas y aún de Dios, sin destino, sin esperanza, pueda elevar sus ojos y ver esa cruz, donde se produjo el gran milagro de la historia: un hombre Dios dejando hasta la última gota de sangre que le era posible dar, para que todos los que lleguemos luego de Él, pudiéramos vivir en paz, ser felices, tener destino, sentir la esperanza como motor, oxigeno para nuestra vida.

En mi ciudad,  estos días vivimos recordando un milagro de Dios, de haber llegado en una imagen,  con naufragio incluido, hace más de 400 años. Una historia de amor entre Dios y el pueblo que cada 15 de setiembre se renueva diciendo fuerte: Señor nosotros somos tuyos y tu eres nuestro.
Desde lugares , los más alejados, incluso 500 km, surgen hermanos que comienzan su peregrinar para llegar a esta ciudad. Si, así como lees. 500, 300, 200, 100 km como si nada. Verlos, es como ver ríos de vida que bajan de cerros quebradas, montaña, venciendo el frío, calor, viento, día y noche caminan y caminan, rezan , cantan, celebran el encuentro. Verlos llegar es sentir en carne propia a la gente amada por Dios, esa humilde y pobre que no tienen más que dos panes y cinco peces para ofrecer. Ver sus rostros curtidos, sus pies cansados, sus manos que llevan imágenes, banderas, es algo que conmueve el alma y no se puede permanecer indiferente.

 Es que ellos quieren llegar también a ver a un Cristo crucificado, el Señor del Milagro, que los espera. Ver sus ojos llenos de lágrimas cuando alzan la vista y lo ven, es como una síntesis del evangelio nuestro. Lo ven, se dan cuenta que han llegado, que han cumplido con su parte, que han llevado una cruz, la de la caminata, para completar en su carne los sufrimientos de Jesús, y con esa cruz, salvan, sanan, sus vidas, su familia, sus amigos en la droga o el alcohol, sus pequeñas viviendas, sus cabras, sus ovejas, su tierra, bendita pacha que los acoge y abriga.



Son la síntesis de la cruz.
 Esa cruz que tienen dos maderos, uno vertical que mira al cielo. Ellos vienen rezando, por vos y por mí, por ellos, por sus cosas, por la paz, por el mundo, por los otros, vienen pensando en Dios, en un retiro espiritual de uno, dos, cinco, trece días. Vienen mirando para dentro su corazón, cambiando su vida.
Pero también tienen esa otra madera, la horizontal, la que tiene los brazos destruidos pero abrazando a todos de Jesús. Solo basta sacar un clavo para sentir su brazo abrazándonos, alentándonos. Es que la cruz es también ese madero horizontal, que me hace y los hace abrazar a todos, mirar a los hermanos, ayudar, ser solidarios. Ellos lo son entre ellos, dando la mano al cansado, curando las heridas en los pies. Y logran que tanta gente salga de la “pachorra” espiritual, saliendo a las veras de los caminos llevando agua, comida, frutas, hasta kinesiólogos, podólogos esperan a los peregrinos para curar los pies de quien son mensajeros de paz y de cruz.

Esa cruz, hoy exaltamos, esa que cuesta, que es peregrinación, que es triunfo, que es lucha, que es identificación con Jesús. No la de adorno, no la que se quita como quien quita la ropa. Es la cruz que nos invita a  vivir de una manera nueva sabiendo que al final del camino vendrá lo mejor.


Buen Jornada para todos. Que podamos levantar los ojos a la cruz de Jesús, para que sanemos nuestra alma de tantas picaduras de serpientes modernas que nos quitan la vida.
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