miércoles, 2 de septiembre de 2015

JESÚS SANABA A TODOS Lucas 4,38-44.


Al salir de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón tenía mucha fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella.
Inclinándose sobre ella, Jesús increpó a la fiebre y esta desapareció. En seguida, ella se levantó y se puso a servirlos.
Al atardecer, todos los que tenían enfermos afectados de diversas dolencias se los llevaron, y él, imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los curaba.
De muchos salían demonios, gritando: "¡Tú eres el Hijo de Dios!". Pero él los increpaba y no los dejaba hablar, porque ellos sabían que era el Mesías.
Cuando amaneció, Jesús salió y se fue a un lugar desierto. La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos.
Pero él les dijo: "También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado".
Y predicaba en las sinagogas de toda la Judea. (Palabra del Señor)

Un noticiero nos trajo la crónica de unas especiales olimpiadas en una región de la costa argentina. Las “Olimpiadas de los trasplantados” donde compiten todos trasplantados que lo hacen para concientizar sobre la donación de órganos.
 Una crónica que entibia el alma, que emociona:
“las medallas que gano, se las dejo al Incucai para que se las entregue a la familia del donante” dijo un hombre de mucha edad, que aún disfrutaba de estas cosas y gozaba de ¡tener vida!,
un tenista, que hablaba de la bendición que había sido en su vida que aparezca justo en ese momento el donante, muchas historias de vida, cada cual más emocionante que la otra, más motivante…
una historia dentro de esas olimpiadas: en la prueba de carrera en la pista de atletismo, uno de ellos se cayó en plena prueba, todos los competidores, volvieron , lo abrazaron , pusieron sus brazos en sus hombros y juntos llegaron a la meta… me dieron, doy, me dieron vida, doy vida, me regalaron sin pedir , doy sin ver quién es, me salvaron, salvo… quizás sea una visión primaria del servicio de dar porque a uno le dan, pero a veces ni eso hacemos…nos dieron vida, la mezquinamos en nuestras actitudes, nos llenaron de dones, las guardamos, nos dieron salud, nos vivimos quejando de lo que nos falta.
Y esos gestos, esa gente, esas olimpiadas, aparte de hacernos acordar a muchos amigos, compañeros , conocidos que esperan pacientemente que llegue el mensaje de “tu órgano viene en camino”, que requieren en forma más o menos urgente un trasplante para seguir viviendo, que esperan de la generosidad en la donación de la vida, también nos trae a memoria aquel gesto de la mamá de Pedro al ser tocada y sanada por Jesús de una simple ¡Fiebre!: SE PUSO A SERVIRLES: me dieron tanto ¡¿Cómo no dar un poco de mí?!. Y si aquellos son un ejemplo para los que por la gracia de Dios, tenemos salud en nuestro cuerpo, esta mujer nos indica el camino: Jesús te sana, te cura, te alivia: devuelve en servicio hacia los otros cristos que están cerca de ti. Y a muchos de nosotros, nos ha sanado el alma, nos quitó cadenas, nos liberó, porque no solo el cuerpo se enferma, sino también el alma .

Al salir de la sinagoga dice el texto, se puso a curar a los enfermos: nuestra participación en las oraciones comunitarias, en nuestras eucaristías, nos debe llevar a esto también. La Misa, no termina con el “pueden ir en paz”… ahí en realidad comienza, pues debemos llevar el sacrificio de Jesús a quienes nos rodean, dar gloria a Dios en cada acto de nuestra vida, hacerles partícipes a los demás de lo escuchado y vivido, de lo aprendido y recibido… Jesús nos dice cómo hacerlo: sanar, traer de nuevo a los excluidos, amar a todos sin distinción.

“De muchos salían demonios, gritando: "¡Tú eres el Hijo de Dios!". Pero él los increpaba y no los dejaba hablar, porque ellos sabían que era el Mesías.”  No los dejaba hablar dice el texto: es preciso luchar contra lo malo sin detenerse a discutir sus pretensiones. No transes con el mal. Al mal hay que desterrarlo. Sabemos que el mal se puede revestir de una apariencia buena, engañando por su piel de cordero cuando en realidad es un lobo que espera que su presa se descuide para atacar. Jesús no se ha parado. Sabía que todo lo que destruye al hombre es perverso y se ha esforzado por vencerlo. Debemos hacer lo mismo.

“La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos”.
Jesús siguió el camino: a otros debo llevar también la Buena Nueva. No podemos pretender retener a Jesús con nosotros y en nosotros. Ni es de un grupo, ni  es más Cristo en algunos movimientos que en otro…Jesús es de todos, y va a todos. Ama al rico y al pobre, hace llover sobre justos e injustos, da paz, amor , serenidad a quien lo pide a quien lo busca, a quien lo necesita. Y Jesús siempre está, como en aquel día, apenas terminado el sábado, hasta el infinito, siempre escucha, siempre pasa por el lado, siempre acaricia , siempre impone su mano sobre cada uno , no en masa, sobre cada uno para mostrar su amor de hermano y padre.


Buena jornada para todos: a Dar de nuestra vida, porque Jesús nos regaló la suya.
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