martes, 15 de septiembre de 2015

NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES Juan 19, 25-27


Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa. (Palabra del Señor)


Hoy, hacemos memoria de Nuestra Señora de los Dolores.
Conmueve ver en muchas de nuestras plazas, cada viernes o cada jueves, a madres caminando en silencio, con carteles donde la foto recuerda a un familiar a un hijo, a un ser querido, muerto o asesinado o desaparecido, reclamando justicia, reclamando por leyes que cambien el estado de las cosas, donde haya más seguridad, más controles, menos corrupción, por una justicia igual para todos donde no tenga que ver el factor económico sino, simplemente la justicia. Conmueve ver como aquel grupo de mujeres, con un simple pañuelo blanco, caminaban alrededor de una pirámide frente a la casa de gobierno, frente a gobiernos que con una simple orden podían hacerlas desaparecer, reclamando por la  vida de sus hijos desaparecidos durante la dictadura argentina. Madres coraje, madres valientes, madres, mujeres aguerridas  a las que la vida les quitó lo más preciado que son sus hijos y eso les dio fuerzas sin medir las consecuencias… transforman sus lágrimas en reclamo, en asociaciones, en fundaciones para que a otros no le pase lo mismo. Dios, les entregó a las mujeres ese plus de aguantar el dolor, el sufrimiento, la enfermedad, de transformarlo en algo positivo, de hacer vida donde hay dolor y sufrimiento.

Hoy vemos a nuestra Mamá, al lado de la cruz.
Siete veces o siete palabras solo se conocen de ella en el nuevo testamento:
"¿Cómo puede ser esto si no conozco hombre?"
"He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra."
  "Engrandece mi alma al Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador"  "Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo, angustiados, te buscábamos"  
"¡No tienen vino!"  
"Haced lo que él os diga!" …
Y la séptima, que vale por mil palabras, es el silencio al pie de la cruz, de pie, firme, sosteniendo a los que estaban con ella, recordando aquellas palabras del profeta del primer momento de Jesús en el templo: una espada atravesará tu corazón, besando los pies de su hijo, queriendo subir ella para que baje su hijo amado, mirando a su hijo no quitando su vista en Él aunque de tras se escuchaban gritos, insultos, risas, burlas para quien estaba dando su vida también por esos que gritaban.

Ella también en ese momento transformó sus lágrimas en cuidado, no hizo una asociación ni fundación, pero si , por pedido expreso de su hijo, se metió en cada hogar, en cada corazón de quien le abre sus puertas para estar también en esos momentos de dolor por lo que uno habitualmente atraviesa en la vida.
Hoy tratamos de sacar la cruz, de nuestros hogares, oficinas, también de nuestra vida. No sabemos ni queremos sufrir. Si pudiéramos hacernos una vida de rosas sin espinas, lo haríamos, pero eso no es vida por lo menos real. Siempre hay y habrá momentos de dolor, de pérdida, de fracasos. ELLA ESTÁ Y ESTARÁ con sus hijos, con vos y conmigo como estuvo con su Hijo Jesús. Una madre coraje que no se avergüenza de nuestros fracasos sino que está. Una madre fortaleza que no siente asco ni repulsión ante mi dolencia o enfermedad, sino que está. Una madre que mira con ojos piadosos cuando fracaso, cuando vuelvo a cometer el mismo error, cuando tropiezo de nuevo con la misma piedra. Ella está.

Buena Jornada para todos. Que nuestra madre del dolor, que nuestra Mamá del cielo, nos ayude en nuestro peregrinar.
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