viernes, 16 de octubre de 2015

CON LA VERDAD Y FORTALEZA Lucas 12,1-7.


Se reunieron miles de personas, hasta el punto de atropellarse unos a otros. Jesús comenzó a decir, dirigiéndose primero a sus discípulos: "Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.
No hay nada oculto que no deba ser revelado, ni nada secreto que no deba ser conocido.
Por eso, todo lo que ustedes han dicho en la oscuridad, será escuchado en pleno día; y lo que han hablado al oído, en las habitaciones más ocultas, será proclamado desde lo alto de las casas.
A ustedes, mis amigos, les digo: No teman a los que matan el cuerpo y después no pueden hacer 
nada más. 
Yo les indicaré a quién deben temer: teman a quel que, despues de matar, tiene el poder de arrojar a la Gehena. Sí, les repito, teman a ese.
¿No se venden acaso cinco pájaros por dos monedas? Sin embargo, Dios no olvida a ninguno de ellos.
Ustedes tienen contados todos sus cabellos: no teman, porque valen más que muchos pájaros." (Palabra del Señor)

¡Muchachos, vayan con la verdad y con fortaleza! Parece decirles Jesús a sus discípulos. Siempre con la verdad, nunca en  las sombras. Todo, algún día, lo que está oculto, será develado…
Y habla de la hipocresía.
La palabra hipócrita designaba en el mundo griego antiguo al actor que, con una máscara y un disfraz, asumía una personalidad ajena: Fingía ante el público ser otro, frecuentemente muy lejano a
su propia realidad. Su papel se desarrollaba de cara ante el público, teniendo como regla suprema de su actuación, la aprobación y el aplauso de la galería. Muchos  convertían este modo de actuar en su ser íntimo, es decir, en hipocresía, y actuaban de cara a los demás y no de cara a Dios. Su vida era  falsa como la de los actores durante su representación. Cayeron en la tentación de darle gran importancia al juicio de los hombres y descuidar el de Dios.
Dicen los que saben que la palabra hipocresía proviene del latín  y del griego: actuar, fingir. También se puede entender, entonces, como viniendo de la palabra máscara, cuyo verbo asociado es “tomar parte”. Es que la realización de un texto dramático significaba cierto grado de interpretación del texto.
Al final, uno se mete tanto el texto que interpreta, que cree  que es verdad.
Y dice Jesús que es levadura, es decir que contagia, que “infla”, que asocia a los que están al lado. Y lo vemos y lo sufrimos. Ver gente que vive frente a los hombres, actuando la vida cristiana, o actuando la bondad, y cuando llegan a casa, son otros, mucho menos simpáticos, más agrios en el trato, violentos. O son como ovejas que en algún momento muestran su verdadero rostro de lobo, sobre todo cuando actúan en el silencio, en las sombras.

Un sacerdote me decía una vez, cuando revisaba mi comportamiento cristiano:
¿Ves las flores del altar? ¿Para donde miran?...
Para la gente, padre…
¿Para donde deberían mirar?
y… para lo que están adornando, para Dios, hacia el altar…
No seas entonces como flor de altar. Mira a Dios, alaba a Dios, ponte de frente a Él, embellece con tu vida  su plan, y no mires tanto lo que dice la gente…
¿Miramos a Dios? ¿Miramos a los hombres? ¿por quién hacemos las cosas?... cuando la hacemos por agradar a los hombres, sobre viene, el desanimo cuando nos dejan solos, cuando empezamos a medir el compromiso mío con el de los demás, cuando queremos sacar beneficios por lo que hacemos, cuando nos pone triste el no recibir alabanzas…
Esto de interpretar obras en que lloramos o reímos según nos dice el guión, tiene mucho que ver también con la hipocresía de llevar adelantes guiones de vida escritos por otros y que yo no tengo el coraje de abandonar para elaborar y protagonizar mi propio proyecto. Quizás sea necesario pensarlo. Cuántas veces hemos llevado a cabo el guión escrito por otros, mandato de ancestros (vos debes ser esto o aquello) , decisiones de otros, amigos, novio, novia, sociedad que nos dice: “es normal todo lo hacen”, que no nos hicieron felices…
Será cuestión de pararnos frente a Dios. Él nos conoce, nos regaló muchos dones personales distintos a los de los demás. No es, solo un Dios para todos como conjunto… es un Dios muy cercano que me conoce, que sabe quién soy, delante de quien caen todas las máscaras, que sabe cuántos cabellos tengo, es decir que sabe leer mi corazón y mis sentimientos antes y mejor que nadie. Con él no vale la hipocresía, la mentira que a veces cubre nuestra vida, frente a Él no hay “chamuyo”… entonces quien más que Él para darnos fuerzas para ser nosotros mismos.
Y la valentía en  nuestra lucha sabiendo que Él es más grande que todos, que es más fuerte que todos nuestros motivos de miedo, que con Él no puede pasarnos nada que Él está con nosotros hasta el fin.

Buena jornada para todos.
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