martes, 27 de octubre de 2015

LA SEMILLA Y LA LEVADURA Lucas 13,18-21.

Jesús dijo entonces: "¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo? 
Se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su huerta; creció, se convirtió en un arbusto y los pájaros del cielo se cobijaron en sus ramas".
Dijo también: "¿Con qué podré comparar el Reino de Dios?

Se parece a un poco de levadura que una mujer mezcló con gran cantidad de harina, hasta que fermentó toda la masa".(Palabra de Dios)

Llama la atención  cómo Jesús usa dos parábolas  en que intervienen un hombre y una mujer, el huerto y el hogar. En aquel tiempo (y hasta no hace mucho tiempo) cuando los roles estaban divididos  estrictamente, el hombre se encargaba del sustento y la mujer de la casa.  Algunos pretender decir: ¿ves? Hasta Jesús dice que el hombre esto y la mujer aquello, pero está enmarcado dentro de una época.
Lo que nos dice es que TODOS podemos ser esos  que de una u otra manera inician el reino de los cielos. Sería sencillo decir que la historia de la Iglesia, que los discípulos, que los hechos de los apóstoles nos muestran cómo… pero nos habla a cada uno de nosotros.


Recuerdo lo que desde chico supe: un joven sacerdote, sencillo, pueblerino, con olor a oveja, poniéndose a favor de un chico al que corrían por no saber ayudar en la eucaristía:
¿Quieres que te enseñe catecismo? Si. ¿Puedes traer a otros amigos? Si padre. Bartolomé Garelli , eres mi amigo ahora…gracias . UNA SEMILLA, pequeña insignificante, plantada por Dios a través de Juan Bosco, fue y es, un frondoso árbol donde se cobijaron y cobijan millones de jóvenes en el mundo en las casas salesianas.
Otra, una pequeña y frágil monjita, con 36 años, recibió una llamada dentro de la llamada como ella misma decía. Fue un día de diciembre  de 1948, dos años después de esa llamada  cuando por primera  vez  llega a los barrios pobres. Visitó a las familias, lavó las heridas de algunos niños, se ocupó de un anciano enfermo que estaba extendido en la calle y cuidó a una mujer que se estaba muriendo de hambre y de tuberculosis. Comenzaba cada día entrando en comunión con Jesús en la Eucaristía y salía de casa, con el rosario en la mano, para encontrar y servir a Jesús en “los no deseados, los no amados, aquellos de los que nadie se ocupaba”. Hoy la Madre Teresa es para nosotros, ejemplo de una semilla plantada o una levadura echada en la masa, poca cosa que parece al comienzo pero que logra levar el lugar.
Hoy podemos ser los que dejen la semilla o los que pongan levadura en cada masa en que vivamos.
El reino de los cielos comienza con un simple mensaje de whatssap o compartiendo la Palabra de Dios, o transmitiendo buenas ondas, positivas y que hablen del Dios que ama al hombre.
El reino de los cielos comienza cuando te quedas toda la noche con un enfermo al que cuidas sin dormirte.
El reino de los cielos comienza cuando te juegas por un amigo drogadicto y te quedas con él para que no caiga para  darle fortaleza, para evitar que sus “amigos” lo busquen.
El reino de los cielos, es cuando insistentemente  das testimonio aunque nadie parezca notar su vida de bondad y de servicio.
El reino de los cielos comienza con un mensaje pequeño en la heladera agarrado con imanes, o un mensaje de paz en el vidrio del baño.
El reino de los cielos comienza con un gesto de servicio en la calle, o cuando devuelvo un vuelto mal dado, o cuando me juego en ser honesto en cada momento de mi vida, cuando alguien me ve y cuando nadie me mira.
El reino de los cielos, comienza cuando no me río de chistes o burlas a otros hermanos por su deficiencia física o mental sino que los defiendo o cambio de tema en esas conversaciones necias.
El reino de los cielos comienza cuando voy a un comedor infantil a ayudar sin que nadie me lo pida, o cuando me levanto más temprano y hago tareas del hogar para ayudar a los que la hacen.
El reino de los cielos comienza con cada comida hecha no solo con ingredientes reales, sino con el mayor ingrediente que puedo poner: el amor.
El reino de los cielos comienza cuando astutamente, convenzo de la vida de Cristo a uno y luego  otro y así, ponemos levadura en la masa, del colegio de la facultad del trabajo, del grupo de amigos.
El reino de los cielos comienza cuando comparto en redes sociales, la Palabra o mensajes llenos de vida, esperanzadores, porque sé que a mi amigo o amiga le servirán.
El reino de los cielos comienza cuando estudio, me perfecciono, me preocupo por servir y ayudar mejor en mi profesión. Cuando uso las palabras adecuadas, refrendadas por el mismo Espíritu Santo que da la gracia de la sabiduría.


La fuerza de la semilla está. La fuerza de la levadura está. Solo debemos ser ese hombre de la huerta o esa mujer que prepara el pan. De nada sirve la semilla sola, para adorno quizás  aunque es tan pequeña que ni para eso puede ser usada. ¡Pero tiene una fuerza y una vida tan grande! ¡PLANTALA!

Buena jornada para todos. Deja correr el Reino de Dios que vive en ti, ¡sé puente entre vos y Dios, planta, pon levadura en la masa donde estés!
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