sábado, 17 de octubre de 2015

RECONOCER A JESÚS Lucas 12,8-12.

Les aseguro que aquel que me reconozca abiertamente delante de los hombres, el Hijo del hombre lo reconocerá ante los ángeles de Dios. 
Pero el que no me reconozca delante de los hombres, no será reconocido ante los ángeles de Dios.
Al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.
Cuando los lleven ante las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir,
porque el Espíritu Santo les enseñará en ese momento lo que deban decir". (Palabra del Señor).
Cuando aceptamos a Jesús en la vida, aceptamos la vida de justicia, la honestidad, sea donde sea que vivamos o desarrollemos la jornada. Aceptamos un camino de moral regido por el evangelio.  Aceptar a Jesús es desterrar para siempre el egoísmo, la soberbia. Es promulgar un trato nuevo con el prójimo donde ya no rige la conveniencia, el gusto, el feeling, el interés, sino fundamentalmente el amor fraterno, que todo lo cree , que todo lo espera, que no hace distinción de personas , que es creativo que no es minimalista sino que todos los días adquiere ribetes nuevos y mejores.
Poder expresarle a los demás esto, es ya dar testimonio suyo. No se trata solamente de llevar una cruz al cuello, o de llevar todos los días una Biblia bajo el brazo y hablar en términos raros o grandilocuentes, citando a autores famosos para darnos corte que sabemos… se trata de mostrarlo con nuestra cara con nuestro cuerpo, con nuestra vida.
Si hoy Jesús vendría a nuestras ciudades vestido de túnica, con sandalias, rodeado de apóstoles, correríamos a su  encuentro , habría una luz especial en el lugar, una energía contagiosa y vital que nos cambiaría el día, la vida. No querríamos que se vaya… hoy eso no sucede, pero si sucede que hay tantos cristos como vos y yo, que habitamos cada uno de nuestros rincones ¿Por qué no hay más luz en la ciudad? ¿Por qué no hay más optimismo provocado por la esperanza? ¿Por qué no se nota la energía vital que debe brotar de nuestro corazón y que es como un haz de luz que alumbra y da vida a los demás?

 Lo decía Martin Luther King:
¿ Es tu caso y el mío ?  Duele ver como el mal avanza, como, los que nos llamamos buenos, vamos en carreta cuando el mal va en un auto fórmula 1. Quizás no estemos “reconociendo  abiertamente delante de los hombres” a Jesús, quizás nos falte predicar más con nuestros actos, con nuestra vida. Quizás nos falte más “compartir” buenas nuevas, buenas letras, buenas lecturas, con amigos y conocidos, quizás nos falte tener un idioma y lenguaje de esperanza, en el futuro, en la familia, en los jóvenes, en el mundo, en Jesús, quizás nos falte cambiar nuestra forma de hablar para que también con eso “reconozcamos a Jesús delante de los hombres”
Quizás, en una palabra, amigo, amiga, nos falte dejarnos llevar e impulsar más por el Espíritu Santo, no solo cuando nos pongan “frente a tribunales que nos juzguen” o frente a un grupo al que debo hablar de Dios, sino en el “menudeo” de la vida, en mis decisiones grandes o chicas, en la educación de mis hijos, en el estudio, en la profesión, en mi trabajo, con mis hermanos parientes, amigos.
Una pena para nosotros sentirnos fuera de ese Espíritu. No aprovecharlo, no tenerlo de “cómplice y amigo”, de padre y maestro.

Buen Jornada para todos. Que el Espíritu de Dios habite, transforme nuestra vida, la comprometa, nos de la valentía para testimoniar nuestra vida cristiana, y nos conduzca a las aguas de quietud.
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