viernes, 23 de octubre de 2015

SIGNOS DE LOS TIEMPOS Lucas 12,54-59.


Jesús dijo a la multitud:
"Cuando ven que una nube se levanta en occidente, ustedes dicen en seguida que va a llover, y así sucede.
Y cuando sopla viento del sur, dicen que hará calor, y así sucede.
¡Hipócritas! Ustedes saben discernir el aspecto de la tierra y del cielo; ¿cómo entonces no saben discernir el tiempo presente?
¿Por qué no juzgan ustedes mismos lo que es justo?
Cuando vas con tu adversario a presentarte ante el magistrado, trata de llegar a un acuerdo con él en el camino, no sea que el adversario te lleve ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y este te ponga en la cárcel.
Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo." (Palabra del Señor)


Hay un primer libro  escrito por Dios, decía san Agustín, que es la naturaleza. Con ella nos habla, ahí escuchamos su voz, en el silencio, en el paso del agua suave, en la altura máxima, en el verde, en sus
matices, en las rocas silenciosas, en sus movimientos por sobre y bajo la superficie. Misterio grande que  se encierra en el silencio eterno de las montañas, solo cortado por el silbido de los vientos. Naturaleza que cumple, siempre cumple, en el año se pinta de un color o de otro. Solo basta levantar la vista en nuestras ciudades, y sentir la presencia de Dios cada mañana que nos habla, respirar aire fresco, caminar al sol cayendo entre las hojas de los árboles. ¿Por qué hemos perdido y perdemos cada vez más velozmente nuestra capacidad de observar? ¿Por qué nos cuesta tanto levantar la vista? Andamos metidos cabeza gacha, mirando el suelo, metidos en nuestro mundo, solo basta salir a “ver” el comportamiento de la gente en grandes peatonales o lugares de mucha aglomeración. Vamos metidos en nuestras cosas, enroscándonos cada vez más en nuestra preocupaciones, angustias, sufrimientos, stres…
 “Hoy va a llover, hoy viene viento del oeste, hoy sopla el viento norte, siento olor a lluvia… frases que alguna vez hemos escuchado. Hoy vamos a los pronosticadores, vemos en internet como estará el día, si habrá sol o lluvia… la vida se nos está haciendo así. Ya no sumamos manualmente, todo es calculadora, ya no razonamos un término, lo gogleamos  y listo.
Entonces, si perdemos la capacidad de observación de ese primer libro de Dios, más nos va a costar leer en la historia y en los acontecimientos, lo que Dios nos dice día a día. Cada momento es una enseñanza, un sismo es una enseñanza, un enfermo es una enseñanza, una lluvia que destroza es una enseñanza, una inundación que sube y sube sin posibilidad de contener, es enseñanza.  Hasta un perro o un gato que , después nos damos cuenta, se mueve nerviosamente, ladra sin sentido antes de un sismo, es enseñanza, es voz de Dios. Cuando había más sensibilidad en los pies descalzos sobre la tierra, la gente sabía de los movimientos telúricos, estaba en contacto con la madre tierra, que vibraba, que avisaba como lo hace hoy pero estamos en otra.
A nosotros cristianos,  nos toca responder a esto:
"Es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y futura... Es necesario, por ello, conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus aspiraciones y el rasgo dramático que con frecuencia le caracteriza  ( Gaudium Spes Nº 4…por el año 1965  ya se decía esto)

Quizás nos falte agudizar nuestra capacidad de observación lo cual lograremos en primer medida levantando la vista, mirando al cielo, tomando aire, escuchando el canto de los pájaros y preguntar cada día: ¿Qué me dice Dios con esto que pasa? Necesitamos ejercer el poder de juzgar nosotros mismos lo que es justo. Dejar de hacer solo lo que los otros nos dicen escuchar la voz de Dios que se manifiesta en cada momento en cada lugar, razonar nuestra fe, hacerla adulta. Así formaremos una sociedad de gente que piensa y no que va tras los vaivenes de la moda o del programa de televisión de mayor audiencia. Así nuestro cuerpo tendrá el parámetro de alguien que se siente amado por Dios y no despreciado porque no responde a los parámetros modernos…
Es tiempo de caminar, de ir, de darle la mano a Dios. Él, al contrario de lo que dice Jesús no es un adversario, es alguien que nos quiere bien y espera nuestro cambio. Es tiempo de la reconciliación, de hablar con él y si quieren de “pedirle explicación” por algo que no entendemos que nos pasó, pero es el tiempo de esperar la respuesta, de escucharla en el primer libro suyo, la naturaleza o en el segundo: la Biblia.

Buena jornada para todos.
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