jueves, 19 de noviembre de 2015

JESÚS LLORA POR LA CIUDAD Lucas 19,41-44.



Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella,
diciendo: "¡Si tú también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos.
Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te sitiarán y te atacarán por todas partes.
Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios". (Palabra de Dios)

Dicen  que Jesús, desde la ladera del monte de los Olivos, podía ver toda la ciudad, aparecía en primer  plano la silueta del templo y la puerta dorada que da al este. Jesús contemplando la ciudad, lloró, por tristeza, por angustia, por pena.

Cuando algunos nos dicen: “si Dios existiera, no existiría el mal en el mundo, si Dios existiera no hubiera muerto tal o cual, si Dios existiera no hubieran habidos atentados o muerte de inocentes en ningún rincón del planeta”.

Entonces confrontamos con esta escena de la vida de Jesús: ¿Por qué en vez de quejarse de los problemas que vendrían a la ciudad por culpa de no haber creído y menos aceptado el mensaje de paz, no entraba Él, con un ejército de gente buena, o digamos ángeles, o espíritus poderosos y tomaba cartas en el asunto, destruyendo lo malo y poniendo en reinado lo bueno?

Simplemente porque hasta el último instante de la vida de aquella ciudad y hasta el último instante de la vida de nuestras ciudades y de nuestras vidas, Jesús, Dios, RESPETA LA LIBERTAD que algún día nos concedió. Un autor cristiano decía que Dios prefiere "llorar de impotencia en Jesús antes que privar al hombre de su libertad”.

Al hombre, a todos, nos ha concedido el don de la paz también. Tenemos dentro de nosotros un gen de Dios que nos hace buenos por naturaleza. De chicos, la inmensa mayoría de nosotros, éramos hombres y mujeres de paz, compartíamos, no discriminábamos, estábamos en armonía con todos, incluyendo la madre naturaleza. De a poco, “otros” se han apoderado de nuestro corazón de nuestros sentimientos, de nuestra afectividad, de nuestra vida y nos hemos alejado del camino. De a poco hemos ido dejando el camino de paz, nos volvimos irascibles, vivimos a la defensiva, cuidándonos que nadie nos mire mal porque ya reaccionamos.


Hoy Jesús , respetando la ,libertad del hombre , mira las familias, a las que les dio su bendición para siempre y que poco a poco se han ido yendo, cada uno por su lado, que no han construido la paz, familias donde  se discrimina, o se vive doble vida, o hay violencia domestica o hacia afuera, o donde no hay una verdadera cultura de trabajo..

Hoy Jesús mira a los jóvenes a los que les dio muchísimos talentos para desarrollar en bien de los demás, y viven de la queja hacia los demás o hacia lo que no tienen, viven dominados por vicios enraizados en su vida, tirando a la basura todos aquellos dones preciosos influenciado quizás por malas compañías…

Hoy Jesús mira a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, a los que algún día les dio inmensos dones, los llenó de caricias y que sin embargo hoy , desconociendo ese mensaje de paz, de caridad, viven la vida sin Dios, sin valores positivos, olvidados de la gracia dada.

Hoy Jesús mira a todos por los que se jugó en una cruz, y aún así viven desesperados creyendo que nada tiene solución ni sentido, que se hacen un mundo por un pequeño problema, que viven todos los días amargados, sin estímulos, sin alegría.

Y LLORA…

Como lo hizo en Jerusalén aquel día. La incredulidad de ese lugar, es un símbolo de nuestras incredulidades, de nuestra poca fe, de la incapacidad que tenemos ya (Pero ahora está oculto a tus ojos) de reaccionar ante el mal y creemos que todo está bien, da lo mismo un burro que un gran profesor, como dice el tango Cambalache escrito por Enrique Santos Discépolo allá por ¡¡1934!!

Entonces la pregunta para nosotros: ¿somos parte del problema o somos parte de la solución?... si nos sentimos seres de paz, que hemos aceptado el mensaje, que nos hemos dejado llevar por el Espíritu Santo que nos ha cambiado todo para bien, ¿estamos ayudando a que otros se encuentren y acepten ese mensaje de paz de Jesús? Esos otros no son, solo los que no conocen a Dios en lugares lejanos de la tierra, son mi hijo, mi hija, mi esposo, mi esposa, mis amigos, mi grupo, mi alumnos, mi docente, todos los que están cerquita mío con los cuales interactúo diariamente.


Buena jornada para todos. Que Jesús se alegre con nuestra vida.
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