lunes, 23 de noviembre de 2015

LA OFRENDA DE LA VIUDA Lucas 21,1-4.

Levantando los ojos, Jesús vio a unos ricos que ponían sus ofrendas en el tesoro del Templo. 
Vio también a una viuda de condición muy humilde, que ponía dos pequeñas monedas de cobre,
y dijo: "Les aseguro que esta pobre viuda ha dado más que nadie.
Porque todos los demás dieron como ofrenda algo de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir." (Palabra del Señor)
El templo era un lugar de encuentro religioso, al que acudía mucha gente ese tiempo del año. Bello y hermoso templo, orgullo de todos, se sostenía en gran medida por las donaciones de las familias ricas. Era un tiempo de dominación imperial, entonces el templo representaba la identidad y la resistencia del pueblo de Israel. Grandes eran aquellos que ayudaban al templo, más grandes cuanto más dinero dejaban para las arcas. También de allí se sacaba un poco de dinero para ayudar a huérfanos y  viudas, pues no había seguridad social. Las ofrendas se daban en manos de un sacerdote de aquel tiempo, quien anotaba el valor y luego la depositaba en una de las arcas dispuestas a tal fin.
Los ojos de todos, los ojos de los encargados del templo, de los visitantes, hasta de los discípulos de Jesús tal vez, estaban dirigidos  y fijados en aquellos grandes que venían a depositar grandes sumas  de dinero.
 Los ojos de Jesús, ojos de Dios ¿qué vieron? La ofrenda sencilla desde el corazón desde su misma vida de aquella pobre mujer que no tenía más que eso para vivir y quería compartirlo , no solo para sostener ese templo, sostén de su fe, sino para ayudar a otras y otros tan pobres como ella.
Y Jesús la alaba y hace que su ofrenda chiquita, insignificante, tenga  el valor extraordinariamente elevado  porque se da vida, corazón, salud.
En nuestro país ayer elegimos nuevas autoridades, por ejemplo. Los ojos de todos estarán puesto en esas grandes “donaciones que harán desde el gobierno”, pero los ojos de Dios hoy se fijan en lo que desde el corazón cada uno pueda hacer por el bien de la nación y ese Dios alaba la actitud: ceder el paso, ceder el asiento en el colectivo, no estacionar sobre rampas de discapacitados, cuidar los parques, no tirar basura en las calles, atender con una sonrisa en la oficina o el mostrador, atender bien mirando a la gente que requiere nuestros servicios y no perder la vista en una pantalla de computadora, pagar los impuestos, ayudar a cruzar la calzada a alguien que le cueste, dar de comer al que viene a casa pidiendo algo, enseñarle a leer y escribir a quien no sabe, ayudar a tus hermanos con las tareas escolares, ayudar a mamá a ordenar la casa y habitación, buscar trabajo para ayudar la economía familiar, estudiar y no perder el tiempo, aprovechar al máximo el tiempo en las universidades nacionales, no “vegetar” en ellas sabiendo que todos pagamos impuestos para que puedan subsistir, no robar elementos de librería de nuestros trabajos,  perfeccionarme, ser mejor para ayudar más, dar una hora o más de mi tiempo productivo en ayuda a los demás, donar sangre, poner la intención de donar los órganos, dar de mi dinero que junté para otros fines para quien lo necesita… mucho  depende de uno, y son hechos por lo que no saldremos en televisión ni en diario, donde no estarán fijados los ojos de los hombres, pero si, seguro, los ojos de Dios. Y así en la nación, así también en el mundo, en la Iglesia, en el grupo, en la familia, en la comunidad.
Podemos dar lo que nos sobra, y también ayudamos de seguro. Pero podemos dar de corazón, entonces nos convertimos en hombres y mujeres que aman y que hacen grande el lugar donde están porque son alabados por el mismo Jesús que sabe y es agudo observador.
Es que me quedó mucho de esta cita eso que dice: LEVANTANDO LOS OJOS, Jesús vio ... y Vio también a una viuda de condición muy humilde,..
A Él, no se le pasan esas pequeñas donaciones de nuestra vida, si, de nuestra vida, no solo de nuestras cosas, de nuestra vida, pequeños hechos que sumados al de todos cambian la realidad.
Dice san Pablo en la segunda carta a los Corintios:
Sepan que el que siembra mezquinamente, tendrá una cosecha muy pobre; en cambio, el que siembra con generosidad, cosechará abundantemente.
 Que cada uno dé conforme a lo que ha resuelto en su corazón, no de mala gana o por la fuerza, porque Dios ama al que da con alegría.

Buena jornada para todos.
Publicar un comentario