viernes, 20 de noviembre de 2015

MI CASA , ES CASA DE ORACIÓN Lucas 19,45-48.


Jesús al entrar al Templo, se puso a echar a los vendedores,
diciéndoles: "Está escrito: Mi casa será una casa de oración, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones".
Y diariamente enseñaba en el Templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los más importantes del pueblo, buscaban la forma de matarlo.
Pero no sabían cómo hacerlo, porque todo el pueblo lo escuchaba y estaba pendiente de sus palabras. (Palabra de Dios)


 Para facilitar el cambio de moneda a los judíos que venían de distintos lugares y para que pudieran pagar los impuestos sagrados en moneda del templo, estaban los cambistas. Luego permitieron el ingreso a mercaderes que en lugares autorizados ofrecían animales o aves para que la gente los ofrezcan en sacrificio, desde buey, ovejas, hasta palomas (para los más pobres)… es de imaginar el espectáculo: gritos, ofertas, insultos, suciedad, algunos que se
aprovechaban de la vulnerabilidad de los pobres, precios excesivos, cambios usureros, un panorama que nada tenía que ver con el origen de aquel comercio y que nada tenían que ver con ese lugar santo, con aquella casa de oración.
Jesús se enojó.
Y con una autoridad y prestancia única, corrió a todos. Sentía aquella casa como propia, y nadie se animó a detenerlo. Se nota que era, (aquello que la sábana santa nos revela) un hombre fuerte, de gran estatura y contextura física y que contaba con la adhesión de la gente que venía con Él.
Jesús se enojó con aquellos mercaderes que hacían de ese lugar sagrado una casa de comercio y de malas artes.

¡Cuánto buen enojo nos falta a nosotros también para defender y proteger nuestros lugares sagrados!
No solo el templo donde cada uno expresa su fe, que tendría que ser para nosotros un lugar de oración, de fe, de silencio, de encuentro con el Dios de la vida. Cuando moisés veía aquella zarza que ardía sin consumirse se dijo así mismo  “Voy a observar este grandioso espectáculo. ¿Por qué será que la zarza no se consume?.”

 Entonces Dios, al ver que se acercaba le dijo:

“No te acerques hasta aquí. Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra santa»  un respeto enorme nos merece nuestras casas de oración. De silencio, de forma de vestirnos, de participación, de atención. Creo que mucho enojo tendría Jesús al vernos a nosotros en nuestros templos.

Pero están también todos esos lugares sagrados que no cuidamos con la misma pasión que nos señala Jesús hoy.
 Nuestra madre tierra a la que maltratamos, a la que no cuidamos hasta con pequeños detalles de todos los días. Es nuestra casa, nuestro lugar santo, nuestros pies pisan la bendita tierra que Dios nos dio, en el lugar donde estemos, para cuidarla, para desarrollar nuestra vida ahí.

Nuestro cuerpo, templo del espíritu Santo, lugar sagrado primero y único, al que maltratamos… no tenemos otro cuerpo más que este, no se puede hacer un trasplante de cuerpo…nuestra piel,  llena de tatuajes que muchas veces contaminan el interior de nuestro organismo. Nuestro corazón, al que no defendemos de malos sentimientos, de rencores , en que dejamos entrar perversiones, vicios, malos afectos, lujuria, y no lo defendemos… nuestra inteligencia que no la desarrollamos, somos perezosos para leer , para estudiar, para observar, nos estamos quedando con la mentalidad de “copiar y pegar” o que todo lo resuelva la computadora…

Nuestras familias, nuestros hogares. Lugar santo. El otro día escuché a un sacerdote decir lo que le decía un amigo suyo, padre de familia cada vez que iba a entrar a su hogar:  “voy a entrar a este lugar (santo) donde está la gente que más que quiere y a la que más amo”, entonces preocupaciones, nervios, stress, quedan fuera como en un perchero, pues debo cuidar, proteger y defender ese LUGAR SANTO  que Dios me da. Así un hogar, como una comunidad, como un  grupo apostólico. Así mi esposa, mi esposo, mis hijos, mis padres, mis abuelos.

El hombre y la mujer, lugares sagrados, los otros donde también habita el Espíritu Santo. ¡Cuánta pasión nos falta para defender al recién concebido que aún está en el vientre de su mamá! O a las chicas que son robadas para la prostitución o a los que se explota laboralmente o a los que vienen de lejos y no tienen donde vivir o que comer…
Cada uno sabe su lugar sagrado. Que Jesús nos convide un poco de esa pasión para defender lo nuestro como si todo dependiera de uno y confiar en Él, como si todo dependiera de Él.

Buena jornada para todos.
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