martes, 26 de enero de 2016

LA FAMILIA DE JESÚS Mc. 3,31-35

 Entonces llegaron su madre y sus hermanos y, quedándose afuera, lo mandaron llamar.
La multitud estaba sentada alrededor de Jesús, y le dijeron: «Tu madre y tus hermanos te buscan ahí fuera».
El les respondió: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?».
Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de él, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos.
Porque el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre».(Palabra del Señor)

Parece a primera impresión, que Jesús tuvo un desaire con su madre que venía desde ¡40 kilómetros!, desde Nazaret hasta Cafarnaúm… en realidad, no sabemos si salió a atenderla o no, pero parece que Jesús niega sus lazos familiares.

Quedarnos en esa impresión, no nos deja pensar en lo más importante:

¿Somos parte de la familia de Jesús? (tantos puntos suspensivos, como los que necesites para pensar si realmente cumples con la voluntad de Dios)……

Había una situación muy difícil para la familia en
tiempos de Jesús. Se pasó desde el antiguo Israel donde el gran clan, la comunidad, era la base de la convivencia social, al tiempo de Jesús en que la familia se encerraba en sí mismo para protegerse, por los impuestos, por el dominio extranjero, porque era la única manera de defender la herencia, lo que vendría. Esa cerrazón les impedía formar la gran comunidad, abrirse a los demás. La familia de Jesús quería llevarlo de nuevo, encerrarlo, guardarlo para sí. Parecemos nosotros cuando a Cristo queremos encerrarlo en nuestro grupo, en nuestra comunidad, cuando no nos abrimos, cuando  cerramos las puertas y ventanas de nuestras iglesia para que no entre nadie a “molestar”…así alejamos a jóvenes, a niños, a familias, a excluidos, a los “raros”, a los molestos y nuestras Iglesias están llenas de gente que vive el cristianismo triste, amargados por haber elegido este camino, y poniéndose en la puerta para que nada ni nadie entre… cuando el Papa dijo a los jóvenes : “ hagan lío” surgieron los que parecen encerrar a Jesús: si pero… ¿quién ordena todo?, si pero… lo que quiso decir es que…


Pero volvamos a la pregunta. ¿Ya pensaste? María fue la primera que cumplió la voluntad de Dios. De las pocas palabras que nos trae el evangelio, una de ellas es: “Yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra”. 

Cumplir la voluntad de Dios será abrirse al espíritu y dejar que Él lleve nuestra vida a donde Dios nos necesite y cómo nos necesite.

Podrá ser como sacerdote o hermana religiosa, pero puede ser como esposo o esposa, como profesional, como abogado, como docente, como profesional de la salud, como ama de casa, como obrero, como empleado. Para y por algo hemos sido creados, y encontrar el lugar en la vida es cumplir esa voluntad de Dios que nos quiere felices con nuestros propios dones y talentos, llevando el Evangelio con cada una de sus palabras, en la propia vida.

Otra palabra que se sabe  de María es  cuando a los servidores de aquella boda y a nosotros les dice y nos dice: HAGAN LO QUE ÉL LES DIGA…



Buena jornada para todos. Que María nos ayude a entrar en el camino del Espíritu para poder ser felices de verdad, encontrando el sentido a la vida desde lo que Dios necesita de cada uno.
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