martes, 12 de abril de 2016

EL PAN DE VIDA Juan 6,30-35.


La gente dijo a Jesús: "¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas?
Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo".
Jesús respondió: "Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo;
porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo".
Ellos le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan".
Jesús les respondió: "Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed. (Palabra del Señor)



Recuerdo el día que me recibí de Ingeniero en Construcciones. Después de tanto esfuerzo, de tanta dedicación, de quedarme a veces hasta doce o trece horas estudiando una materia para rendirla, de tener una vida entregada al estudio, de años y años desde la infancia forjando ese momento, que me dije: llegué ¿esto es todo? ¿Esto era todo? ¿Esto era mi lucha?  Y así me fue pasando una y otra vez, con una motocicleta adquirida con mucho esfuerzo, con bienes materiales… algún día le comenté a mi director espiritual, éste, mi vacío al llegar a lo deseado. Y me presentó aquella frase de san Agustín que me dio otra perspectiva en la vida:

Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en ti"

Entonces me di cuenta que la felicidad es el camino, son las personas que viven al lado, es mi esposa , son mis hijos, y que la base de todo ello es mi relación con Dios, amor, vida, verdad, el que le daba y le da, real sustento a mis deseos humanos

 Es lo que el evangelio nos dice hoy: El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed


El hombre ha desatado una búsqueda  incesante tratando de encontrar algo que lo sacie: placer, poder, dinero, fama, diversiones, noche, mujeres, hombres, eterna juventud, y siempre lo mismo: vacío y soledad. ¿Será que no escuchamos la voz de Jesús que nos dice: el que viene a mi jamás tendrá hambre y el que cree en mi jamás tendrá sed?


¿Dónde buscamos saciar la sed y el hambre, de justicia, de VERDAD, de amor? ¿Dónde queremos dejar la soledad y con quién? ¿Con qué llenamos el corazón para acallar la conciencia o por lo menos con que queremos acallarla?


A la larga o a la corta, quizás recemos como san Agustín:

"Tarde te amé, hermosura tan antigua, y tan nueva, tarde te amé. Y he aquí que tú estabas dentro de mí, y yo fuera, y fuera te buscaba yo, y me arrojaba sobre esas hermosuras que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Me mantenían lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Llamaste y gritaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y ahuyentaste mi ceguera; exhalaste tu fragancia, la respiré y suspiro por ti; te gusté y tengo hambre y sed de ti; me tocaste y me abrasé en tu paz"



Buena jornada para todos.
Publicar un comentario