sábado, 14 de mayo de 2016

NO HAY AMOR MÁS GRANDE Juan 15,9-17.


Jesús dijo a sus discípulos:
«Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor.
Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.»
Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado.
No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.
Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando.
Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.
No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.
Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.»(Palabra del Señor)



Recuerdo una jornada en la Plaza central de mi ciudad. Le dieron a cada artesano de un grupo que participaba de una muestra, una piedra grande, más o menos de 60cm  x 60cm de superficie, por 80 cm de alto, de diferentes colores y textura, de distinta dureza. Ellos tenían que hacer con las herramientas que creían adecuadas, una obra que perduraría en el tiempo (hoy esas obras embellecen una avenida de la ciudad). Entonces comenzaron a sacar material, sacaron lo de fuera, modelaron, con cincel más grande o más chico o con herramientas eléctricas. Al final, sacando todo lo que estaba “fuera” dejaron lo que cada uno buscaba dentro. Esa obra de arte, estaba adentro de la mole de piedra, ellos sacaron lo que sobraba.


Hoy tenemos moles de “piedra” a las que llamamos AMOR.  Porque el mundo llama amor a lo que tiene sustento en lo químico, en el gusto, en el “feeling” , en lo visual, en lo físico y de a poco nos han hecho creer que el amor es el sexo, que debemos “hacer el amor”, que el amor es descartable, que cuando se acaba se cambia por otro, que no vale la pena amar, que “no se puede vivir del amor, no se puede comer al amor,las deudas no se pueden pagar con amor. Una casa no se puede comprar con amor”, como si fuera el amor, un producto que se puede adquirir en góndolas o como si fuera una utopía.


Entonces cuando Jesús nos habla de amarnos entre nosotros como Él nos ha amado, o que permanezcamos en su amor, nos cuesta imaginar un vínculo, una fuerza extrema, un hilo indestructible que nos asocia a Dios porque como dice san Juan en su carta: Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios, porque Dios es amor un amor que nos elije que nos busca, que nos atrapa que nos conquista, un amor que es entrega, sacrificio, don, es pensar en el otro antes que uno mismo, un amor que nos hace cuidarnos entre nosotros sabiendo cada uno qué le hace bien y qué le hace mal al otro, es asumir las cargas de los demás como si fueran propias, es ayudar a subir la cuesta, es apoyo y cuidado en la bajada, es mirar, hablar, sentir con los ojos, los labios y el corazón de Jesús a esta humanidad que se concretiza en el hermano que está a mi lado.

Por eso, antes de Pentecostés, es necesario “sacar lo de fuera” para que nos quede lo de dentro, ese corazón dado por Dios, porque fuimos hechos por Él, quitar los malos conceptos de amor, limpiar el alma de criterios o valores que no nos hablan del amor verdadero, para que el Espíritu Santo, le de el fuego necesario para que esa piedra se convierta en un corazón de carne y ese corazón de carne sea lo más parecido al corazón misericordioso de Jesús. Yo les daré otro corazón y pondré dentro de ellos un espíritu nuevo: arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne dice el Libro del profeta Ezequiel


Buena jornada para todos. A limpiar el alma, para que aparezca lo verdadero.
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