martes, 17 de mayo de 2016

SERVIDOR DE TODOS Marcos 9,30-37.


Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería que nadie lo supiera, porque enseñaba y les decía: "El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará".
Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas.
Llegaron a Cafarnaún y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: "¿De qué hablaban en el camino?".
Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande.
Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: "El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos".
Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo:
"El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado". (Palabra del Señor)


En 1888 Mahatma Gandhi fue a Inglaterra, donde estudió Derecho. Una vez, iba caminando por una calle de Londres cuando fue sorprendido por un chaparrón de agua. Gandhi empezó a correr para huir de la lluvia y logró refugiarse debajo del alero de un lujoso hotel, y ahí se quedó parado mientras pasaba el vendaval.

A los pocos minutos apareció una imponente limosina y de ella salió un magnate inglés, le bajaron las maletas y el coche fue conducido hasta el estacionamiento.

“¡Oye tú!, cógeme las maletas”, gritó el británico a Gandhi. Gandhi miró hacia los lados y hacia atrás para ver a quién se dirigía el magnate.  “¡Eh, tú, hindú! -repitió el inglés con fuerza-, ¡he dicho que me cojas las maletas!”

Gandhi se dio cuenta de que el potentado hablaba con él, y entonces se acercó a cargarlas. El inglés le ordenó que lo siguiera hasta el cuarto piso; él subió por el ascensor y el hindú por las escaleras, porque en esa época los hindúes eran considerados menos que los demás.

Una vez que Gandhi dejó las maletas en el sitio indicado, se dispuso a retirarse.

-¡ indio! ¿Cuánto te debo? -dijo el magnate.

-Señor, usted no me debe nada -contestó Gandhi cortésmente.

-¿Cuánto me vas a cobrar por subirme las maletas? -insistió el hombre.

– Señor -repitió Gandhi-, yo no voy a cobrarle nada.

– ¿Tú trabajas aquí?, ¿no?

– No señor, yo no trabajo aquí; estaba en la puerta esperando que dejara de llover para continuar mi camino.

– Si no trabajas aquí, ¿por qué subiste las maletas?

– Porque usted me pidió que lo hiciera, y lo hice-, dijo Gandhi.

– ¿Quién eres tú?

– Yo soy Mohandas Karamchand Gandhi, estudiante de Derecho de la India.

– Bien, bien… Entonces, ¿cuánto me vas a cobrar?

– Señor, ya le dije, no le voy a cobrar nada y nunca pensé en cobrarle-, dijo Gandhi.

– Si no pensabas cobrarme nada por subirme las maletas-, dijo nuevamente el inglés-, entonces, ¿por qué me las subiste?

– Señor -, yo le subí las maletas a usted por el inmenso placer que me causa el colaborar con los demás; por eso lo hice, porque para mí servir es un placer. (encontrado en internet, gracias)


Parece que los discípulos de Jesús, aún vivían con los criterios del mundo. Mientras Jesús habla de rechazo, de sufrimiento, de pasar la cruz, ellos están más interesados en asegurarse un lugar .

Jesús aprovecha este “retiro” de enseñanza, pues dice el evangelio que quería que nadie lo supiera donde estaban porque estaba enseñándoles, para recordarles cuál debe ser la máxima ambición:  HACERSE SERVIDORES, y en ese rol ,vivir  en un lugar secundario como eran considerados los niños en aquel entonces, servir sin que nadie lo note ni aprecie, servir por el hecho de ver a Jesús en el hermano, ambicionar el placer de servir, como Mahatma Gandhi para hacerse mejor que todos, el primero.


Entonces ya no hay “escalas” ni disposiciones en forma de pirámide, donde el que parece tener el poder está arriba y el pueblo o los fieles están abajo… porque uno de abajo puede ser más servicial que el de arriba y eso lo pone, delante del Señor, en primer lugar.


Que podamos ambicionar el “placer de servir”, para que nuestro mundo sea mejor. Es una fórmula simple, sin tanto rebusque ni comisiones, ni ideologías. Servir y punto. Al que sea, al que está al lado, al que pasa, al que se queda, al que no veré nunca más, al amigo de siempre , al pobre, al rico, al estudiante, al profesor, a los hijos, a los padres, al sacerdote, a los fieles…si no comenzamos aún, es la hora ya.


Buena jornada para todos.
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