martes, 14 de junio de 2016

AMAR A LOS ENEMIGOS Mateo 5,43-48.



Jesús dijo a sus discípulos:
Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo.
Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores;
así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.
Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos?
Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos?
Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo. (Palabra del Señor).

El amor al prójimo, era el amor, la atención, el cuidado  a un miembro de la comunidad de Israel, entonces prójimo era el de la misma raza o Nación.

Odiar al enemigo, significa: no tienes por qué amar a tu enemigo, o sea al extranjero, al de distinta raza o nación.

Así parece más fácil de cumplir: amo a los que son de mi mismo “palo”, a los simpáticos, a los buenos, a los que nos mandan buenas ondas, a los que me dicen: rezo por ti, a los que me alaban, a los familiares (buenos, a los molestos: no) a los hijos porque son parte de mi vida…amo a todos aquellos que van conmigo, con los que tengo “química” o con quienes hay feeling…

Y no tengo necesidad de amar, ayudar, comprender, sonreírle, ser simpático, ser amable, rezar por ellos, con los que no son de mi mismo costado, de mi colegio, de mi universidad, de mi ciudad, de mi familia…con solo “no hacerles el mal” ya está.


¿por qué debo sentir amor por el que me persigue, por el que me hizo daño en la infancia, por el que me quita la paciencia, por el antipático, por el que tiene celos de mi y hace lo imposible para destruirme ante mis amigos y hermanos, por el que no quiere que pueda cumplir un sueño, por el que me cortó las alas y ya no puedo volar, por el profesor que no me aprueba esa materia, por el empleado que me roba, por el jefe que me insulta, por el alumno que es vago y no quiere aprender, por el profesor que se aprovecha de su investidura para molestar, o poner palos en la rueda, por el que se burla de mi condición, por el que me hizo o hace bullying, por el que…. Y sigue la lista interminable de personas que merecen nuestra antipatía y desprecio.

Sin embargo el mandato de Jesús es positivo: ¡amen a sus enemigos!. Quiere decir que esto del amor no debe o no puede ser una cuestión de piel, sino más bien UNA DECISIÓN que debo tomar en mi vida.
Será rezar por ellos, será desearle el bien.
¿se lo merecen? Quizás para nosotros: NO. Pero es una medida hasta en beneficio propio pues con el tiempo lograremos lo que la fuerza, el odio la venganza, no pueden…


La vara quedó muy alta con Jesús. En el último momento cuando estaba solo, cuando lo insultaban, pegaban, escupían, clavaban en una cruz, le ponían una corona de espina, pedía perdón por sus agresores y los justificaba: ¡papá, no saben lo que hacen, perdónalos!

Difícilmente podamos decir un día de nuestras vidas: hoy fui perfecto como Dios. Pero eso no nos debe sacar del camino.
Esto de amar al que nos hace el mal, es difícil, es una de las páginas que no quisiéramos que estén en el evangelio. Pero es una señal distintiva del cristiano.

Solos, difícilmente podamos. Con Él, seguros que sí. Por eso quizás la primera oración que tendríamos que hacer es:

 Señor, acaricia mis heridas, aún me duelen, aún están abiertas…y te necesito para amar más y mejor a aquellos a quienes me cuesta ; con vos lo podré hacer, sin vos me envuelvo en torbellinos de dolor, de angustia, de sed de venganza, de odio y eso no me deja salir del pasado para mirar el futuro con dignidad y altura.


Buena jornada para todos.
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