jueves, 23 de junio de 2016

LA CASA SOBRE ROCA Mateo 7,21-29.



Jesús dijo a sus discípulos:
"No son los que me dicen: 'Señor, Señor', los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo.
Muchos me dirán en aquel día: 'Señor, Señor, ¿acaso no profetizamos en tu Nombre? ¿No expulsamos a los demonios e hicimos muchos milagros en tu Nombre?'.
Entonces yo les manifestaré: 'Jamás los conocí; apártense de mí, ustedes, los que hacen el mal'.
Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca.
Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero esta no se derrumbó porque estaba construida sobre roca.
Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena.
Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: esta se derrumbó, y su ruina fue grande".
Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, la multitud estaba asombrada de su enseñanza, porque él les enseñaba como quien tiene autoridad y no como sus escribas. (Palabra del Señor)


En toda nueva construcción, lo primero a realizar son los cimientos. Para ello se estudia el terreno. Cuanto más alto el edificio a construir, más profundo y más voluminosa la solución. Ante tamaño edificio es necesario hacer un estudio de suelo que determine el perfil del terreno donde se quiere construir. Entonces se selecciona el nivel al que debe ir la cimentación, desechando terrenos blandos, o sin consistencia.

Una vez determinada la profundidad, y el tipo de cimiento, se comienza la excavación. A veces hay que cortar raíces . A veces hay que retirar piedras sueltas hasta llegar al terreno deseado, a veces hay que remover tierra suelta sin consistencia, a veces relleno de otras épocas  que no tienen tampoco consistencia, e ir a lo profundo, a lo bueno para cimentar.

 ¡Hemos llegado a terreno firme para cimentar!.

Y todo esto por algo que, luego, con la construcción terminada, no se ve. Solo se ve el edificio erguido, sólido, que ha partido de cimientos adecuados asentado sobre terreno apto para sostener semejante volumen y peso.

Cuanto más alto el edificio, más se debe cuidar el cimiento.

Hoy Jesús nos habla de cimentar nuestra vida en la Palabra y la acción que esta Palabra motiva.

Esa roca firme, ese terreno apto, debemos buscar para cimentar nuestros proyectos de vida, y nuestras decisiones. Seguro que no nos equivocamos.

Para eso habrá que sacar raíces, a veces profundas, raíces como por ejemplo: “no podes”, “vas a ser igual que todos”, “así se han hecho las cosas, siempre”, raíces de otros que no tienen que ver con nosotros y nos condicionan.

Habrá que remover piedras sueltas, muchas de esas cargas pesadas que llevamos sin querer, sin desear. Piedras que parecen buenas para cimentar pero que se mueven, que no están fijadas a la Palabra.

Habrá que remover la tierra suelta, el relleno, la chatarra, desprendernos de tanto accesorio que hay en nuestra vida, para poder escuchar, la brisa suave, a Dios que habla, siempre habla, por medio de muchos, por medio de todo, por el verde de la naturaleza, por el sol, por la luna, por los amigos…

Y esto es para los jóvenes que están pensando y construyendo su proyecto de vida, que ojalá lo asienten sobre este terreno firme, y que busquen y que excaven y que saquen lo que no es bueno para cimentar sus sueños, como para todos, que debemos volver a comenzar todos los días de nuestra vida, tomando decisiones que ojalá sean lo más libre posibles.

Entonces, según Jesús, ¿somos sensatos? ¿Estamos edificando nuestra vida sobre su Palabra, sobre su vida? si es así, seguro no nos equivocamos.


Buena jornada para todos
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