lunes, 13 de junio de 2016

LA OTRA MEJILLA Mateo 5,38-42.


Jesús, dijo a sus discípulos:

Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente.
Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra.
Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto; y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él.
Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado. (Palabra del Señor)



Una fábula que bien podría ser realidad dice:

Un importante empresario gritó al director de su empresa, porque no le había hecho llegar a tiempo la información que requería con urgencia. El director llegó a su casa y al ver sobre la mesa un abundante almuerzo gritó a su esposa, a quien acusó de estar mal gastando innecesariamente su dinero. 

Su esposa mortificada por la ingratitud de su esposo, que no era capaz de reconocer el esfuerzo por tenerle un buen almuerzo, gritó a su vez a la empleada de servicio doméstico porque en ese momento rompió un plato. 

La empleada, a su turno, se desahogó con elperro al que le dio un puntapié por cruzarse en su camino.

 El perro con su rabia contenida salió corriendo y mordió a una señora que pasaba por el frente de la casa, porque estaba obstaculizando su salida por la puerta. 

Esta señora fue al hospital para ponerse la vacuna y que le curaran la herida. 

Cuando un joven médico le aplicó la inyección, la mujer lo gritó, tachándolo de incompetente porque se la aplicó con dolor. 

El joven médico al llegar a su casa y encontrar en la mesa una comida que no era de su agrado, gritó a su madre quejándose de no encontrar un alimento de su gusto en la cena. 

Su madre, tolerante y un manantial de amor, acarició los cabellos de su hijo diciéndole: – "Hijo querido, prometo que mañana haré tu comida favorita. Te perdono por que debes haber tenido un día difícil. Tú trabajas mucho, estás cansado y precisas una buena noche de sueño. Voy a ser más cuidadosa y te llevaré un té a la cama para que puedas descansar en paz. Mañana te sentirás mejor". 

Bendijo a su hijo y abandonó la habitación, dejándolo solo con sus pensamientos… 

En ese mágico momento, el hijo recapacitó por haber sido injusto con su madre y se interrumpió así el círculo del odio, porque se estrelló con la tolerancia, la dulzura, el perdón y el amor.

Es algo que muchas veces me ayuda a reflexionar. Pues estamos llenos de cadenas de odio y de mala onda en el mundo. Cadenas que llegan por los chismes, por la violencia en la calle física o verbal que a veces nutre mucho más nuestras ganas de hacer lo mismo. Violencia familiar que se transmiten de padres a hijos: a padre golpeador, hijos golpeadores, a padres mal tratadores, hijos iguales, a padres irrespetuosos, hijos ídem.
 Muchas veces guerras enteras entre familias, entre amigos, entre ciudades, se logra desbaratar cuando hay filtros que se atreven a  decir ¡Basta! hasta aquí llega el chisme, la discusión, la calumnia, la mentira, la violencia. Y queda preguntarnos entonces si estamos metidos en cadenas de odio o somos eslabones de paz y de amor, de manos unidas que son más fuertes que las cadenas de la guerra, como alguna vez nos decía Juan Pablo II a los argentinos, en tiempo de guerra, de odio, de dolor, de familias destrozadas.

El mensaje final del concilio vaticano II a los jóvenes decía entre otros párrafos:

Porque ustedes son los que van a recibir la antorcha de manos de sus mayores y a vivir en el mundo en el momento de las más gigantescas transformaciones de su historia. Son ustedes los que, recogiendo lo mejor del ejemplo y de las enseñanzas de sus padres y de sus maestros, van a formar la sociedad de mañana; se salvarán o perecerán con ella….


En el nombre de este Dios y de su Hijo, Jesús, les exhortamos a ensanchar sus corazones a las dimensiones del mundo, a escuchar la llamada de sus hermanos y a poner ardorosamente a su servicio sus energías. Luchen contra todo egoísmo. Niéguense a dar libre curso a los instintos de violencia y de odio, que engendran las guerras y su cortejo de males. Sean generosos, puros, respetuosos, sinceros. Y edifiquen con entusiasmo un mundo mejor que el de sus mayores.

Capaz que alguno puede decir: que lindo mensaje para los jóvenes ¡si le hicieran caso!...el tema que fue dicho en 1965 y muchos jóvenes han pasado hasta el hoy y  no  han dado curso a esta invitación. Y los jóvenes de hoy son frutos de los jóvenes de ayer…


Que sean los de esta generación, los que inspirados por el Espíritu santo, escuchen la Palabra del Señor y sean filtros  que pulvericen esos círculos de odio que tanto mal nos hacen. Y que todos nos dediquemos a no dejar pasar por nuestra vida el odio que destruye, la guerra pequeña o grande, que quita la paz.


Buena jornada para todos.
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