miércoles, 6 de julio de 2016

DOCE APÓSTOLES Mateo 10,1-7.

Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia. 
Los nombres de los doce Apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Andrés; luego, Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan;
Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo;
Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.
A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: "No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos.
"Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.
Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. (Palabra de Dios)



La inteligencia del hombre, ha inventado lo que llamamos diques o embalses de agua.
Resulta que  en zonas muy lluviosas,  los ríos caudalosos, a veces, arrastran de todo y arrasan con todo pues salen de su curso, y otras veces, llevan tan poca agua que generan sequías aguas abajo. Entonces el hombre ha visto la necesidad de poder embalsar el agua, realizando una contención en el curso de los ríos, aprovechando hendiduras en el terreno producido por montanas o sierras.
Al colocar el paredón alto, el agua se acumula ahí, y comienza a subir el nivel hasta alcanzar una energía potencial gravitatoria producida por la altura. Cuanto más alto el paredón, más energía, pues es más el agua acumulada… entonces cuando se abren compuertas, en la parte baja, esta energía potencial se convierte en cinética, pasa por medio de turbinas y genera energía hidroeléctrica que brinda electricidad, a ciudades enteras, interconectándose con otras centrales para dar el sistema interconectado nacional… se ha utilizado el agua estacionada para dar energía.
También el agua corre aguas abajo,  ahora regulada. Ya no hay desbordes ni tampoco sequías, el agua es utilizada para  beber, para regar, para hacer fértiles, tierras áridas o secas, para purificar, y siempre va y va y va camino al mar.
¿Por qué todo esto?. En el evangelio de san Marcos (todos estos días leemos mateo), dice que Jesús  instituyó Doce, para que: estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios.
Para que estuvieran con Él: es el embalse, ahí suben su energía, ahí se forman, ahí escuchan al Señor, Maestro, ahí se regocijan con su presencia, ahí les sube el nivel de espiritualidad, el deseo de bajar a dar energía, ahí aumentan la pasión y la tensión del Amor. Llega momentos, como el de la lectura de hoy que dice: ¡VAYAN! Y se abren compuertas y salen a dar luz, a producir energía, a beneficiar a tantos, a regar arideces, a dar agua, a dar calor, y todo lo que sabemos que produce y da el agua y la luz… cuanto más alto es el murallón, más alta la energía… Jesús es el que contiene,  el que cuida , el que nos hace sentir felices y dichoso de quienes somos, el que nos levanta la auto estima, el que nos dice : vos podes, eres valioso…y también Jesús nos dice ¡vayan!
Hoy nos contiene a todos, quiere que seamos sus discípulos, que estemos con él y hoy nos manda: `¡vayan! Hay mucha gente en oscuras, mucha gente con arideces espirituales, hay que regar los sembrados para que la gente se alimente, hay que fabricar luz donde no hay nada…¡vayan! A vos y a mí. Irremediablemente tenemos que partir y si somos discípulos seguro que partimos a beneficiar a los demás. ¡vayan! No discriminen los terrenos, rieguen a todos, pues donde hay más aridez habrá más bienvenida para el agua bendita.
Somos parte de una iglesia en salida. No podemos estacionarnos en el “embalse” debemos ir. A cada rincón donde estamos, en el trabajo, en el estudio y  principalmente, en nuestro hogar.

Buena jornada para todos. Somos apóstoles. Somos enviados
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