sábado, 2 de julio de 2016

VINOS NUEVOS, ODRES NUEVOS Mateo 9,14-17.



Se acercaron a Jesús los discípulos de Juan y le dijeron: "¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?".
Jesús les respondió: "¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.
Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido y la rotura se hace más grande.
Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque los odres revientan, el vino se derrama y los odres se pierden. ¡No, el vino nuevo se pone en odres nuevos, y así ambos se conservan!". (Palabra del Señor)


Cierta vez un maestro tomó un botellón grande, esos de boca bien abierta, y llevó piedras de diferentes tamaños incluyendo arena.
Entonces introdujo piedras grandes primero, en el recipiente. Cuando este ya estaba lleno, dijo a sus alumnos: ¿ustedes ven que ya está lleno el pote?: -¡sí!, respondieron… entonces el profesor  tomó piedras más chicas y las fue introduciendo con cuidado, sacudiendo el pote al mismo tiempo de manera que las piedras más chicas se metían entre los intersticios dejados por las más grandes… ¿ya está lleno?, les preguntó nuevamente. De nuevo la respuesta positiva. Entonces tomó arena y la introdujo con cuidado, sacudiendo nuevamente el frasco… y la arena se metió en cada rinconcito que dejaban libres las  piedras grandes, medianas y pequeñas… ¡ahora sí! Dijo el profesor. Aunque después agregó el contenido de un pocillo de café y éste humedecía la arena y ocupaba su lugar casi sin ocuparlo.

Entonces dijo a sus alumnos: las piedras grandes son los fundamentos donde ustedes apoyan su vida: Dios, la familia, la vocación, los valores fundamentales, la fe, la confianza, la esperanza, el optimismo… las piedras más chicas  son lo temporal que ocupa nuestra vida: la profesión, las diversiones, los amigos, lo cultural de cada día, la lectura… y la arena más pequeña son todas esas pequeñas cosas de que uno se rodea todos los días, lo accesorio, lo que viene y va, el celular, la televisión, internet como entretenimiento, relojes, moda, autos, motos, bienes materiales, dinero…

De nuevo vació el frasco…y comenzó al revés… puso arena primero, lo llenó de ella… y al contrario del caso anterior, no pudo meter piedras de distinto tamaño, y menos, piedras grandes.
Y les dijo: así pasa, cuando en la vida nos llenamos de chucherías…no dejamos que lo fundamental, lo grande, los valores, entren a la vida…


Este relato, nos hace caer en cuenta que con Jesús, hemos vaciado el frasco. Debemos volver a llenar. Entonces si tengo mi vida llena de pequeñas chucherías, nunca dejaremos espacio para lo verdadero y lo que realmente hace falta. Cuando tenemos lleno el corazón de ruido, de altanería, de orgullo, de soberbia, de egoísmo, que nos hacen tener más y más “arena”, difícilmente pueda convivir con Jesús y el amor que trae.
Es lo nuevo, lo verdadero, el sustento, la roca firme donde cimentamos la vida. Con Él, no hay tristezas, aunque los días transcurran con dificultades a vencer, con batallas ganadas y perdidas, con Él hay alegría, con Él hay razón de vivir.

Capaz que cada tanto tenemos que vaciar de nuevo el frasco y reponer cada cosa en su lugar, dando a lo que realmente importa, el lugar que se merece. Su Palabra es vino nuevo y requiere odre, es decir, corazón, mente, alma ,renovadas.
¿Y el café? Preguntarán algunos. Y bueno. Aparte de los buenos valores, de los pequeños valores, de lo accesorio de la vida, siempre es bueno dejarse un tiempito para un café con amigos, y en sentido figurado,  si es con Él, con Jesús, mucho mejor.

Buena jornada para todos.
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