jueves, 11 de agosto de 2016

PERDONAR...Mateo 18,21-35.19,1.



Se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?". 
Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.
Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.
Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.
El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo".
El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'.
El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'.
Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.
Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.
¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?'.
E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.
Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".
Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, dejó la Galilea y fue al territorio de Judea, más allá del Jordán. (Palabra del Señor)

Contrastes a propósito. Es casi imposible que pase una cosa así. Ni antes ni ahora. Aquel hombre debía 10.000 talentos. Un talento equivalía a ¡¡35 kg de oro!! Entonces el total eran 350 toneladas de oro… ni él con toda su familia, por muchísimas generaciones podría devolver todo ese dinero… en cambio, cuando salió a la calle le exigió al que le debía cien denarios, (el valor de cien días de trabajo, o sea que cada uno puede calcular de acuerdo a lo que gana),  el equivalente a ¿50, 60 grs? de oro…nada a comparación de aquello. Entonces lo que importa es el contraste entre lo que perdona Dios y lo que a veces no somos capaces de perdonar nosotros, aunque ese “tan poco” sea tantísimo pues la ofensa es, era o será grande para nuestra vida.

Es una realidad, triste pero real, que nosotros nos ofendemos mutuamente. A veces son peleas de niños, o de adolescentes, pero cuanto más adulto se es, más significativos son los momentos dolorosos vividos: matrimonios , donde había amor que hoy hay odio, amigos que dejan de serlo, padres que abandonan a sus hijos, hijos que se  pelean con sus padres y hasta a veces los agreden, daños psíquicos y físicos hechos por gente en la que uno confiaba y destruyeron infancia o juventud… son experiencias que nos hacen daño generando muchas veces rencor, odio, sed de venganza y volvemos siempre a la ley famosa del talión: ojo por ojo diente por diente, o peor aún, queremos hacer más daño del que nos hicieron…
Todo eso produce heridas profundas, a la psiquis, al alma, incluso al cuerpo. El odio, enferma. La energía que ponemos en desear el mal, es energía negativa y nunca nos ayuda a mirar para adelante, siempre estamos mirando por el espejo retrovisor y eso a la larga nos hace estrellar contra lo que viene delante.
Por eso, la cura de todo, la superación de todo es “perdonar” que viene a ser una opción de nuestra libertad, una elección consciente y voluntaria.

Lo primero será querer perdonar… querer, es comenzar  a sanar, es elegir el bien, es un paso sumamente importante, es decidirse a hacerlo…

El segundo paso, será poder perdonar…es el momento en que debemos hacer un arduo camino para poder recuperarnos del dolor producido. Y es el momento de reclamar, es decir pedir con insistencia, la ayuda, la gracia de Dios. Es pedirle que toque nuestras heridas, que sane nuestros pensamientos, que nos ayude, pues sin Él y sin su ayuda nos será mucho más difícil sanar. Esta es la gracia que tenemos nosotros y que debemos aprovechar bien, incluso para nuestro bien, pues hacemos mucho bien en perdonar las ofensas pero también nos hacemos mucho bien sanando.
Ojalá que podamos hacer esos dos pasos, todos los días al acostarnos: querer y poder. Así lo rezamos cuando decimos: perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden…

Buena jornada para todos. A sanar el corazón.
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