sábado, 3 de septiembre de 2016

EL HIJO DEL HOMBRE ES DUEÑO DEL SÁBADO Lucas 6,1-5.



Un sábado, en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas entre las manos, las comían.
Algunos fariseos les dijeron: "¿Por qué ustedes hacen lo que no está permitido en sábado?".
Jesús les respondió: "¿Ni siquiera han leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios y, tomando los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y dio de comer a sus compañeros?".
Después les dijo: "El hijo del hombre es dueño del sábado". (Palabra del Señor)



El cuidado por el día sábado, o la revitalización del tercer mandamiento, viene de la época del cautiverio donde se veían obligados a trabajar siete días a  la semana. Surgió la necesidad de parar por lo menos un día para reunirse, animarse mutuamente. Había peligro de perder la fe. Entonces se restableció con fuerza  la observancia del sábado. Hasta ahí todo bien. El tema fue , que con el tiempo se complicó tanto, se ritualizó tanto , que el sábado servía para atar, más que para desatar, para paralizar, más que para hacer el bien…

Hoy, parece que las cosas se han dado vuelta de tal manera  que, ya no se trabaja de lunes a lunes, o sea podría dedicarse un día para compartir la fe, para alentarse, para estudiar y profundizar la vida de Dios, pero… la eucaristía es el centro y culmen de la vida cristiana, nos dice el Papa a los católicos y así cada comunidad de cristianos tiene su centro de vida espiritual. Entonces solo basta ver lo poco que participamos de las celebraciones, y en el caso de los católicos, de esos pocos que participamos, lo poco que comulgamos…al retirarse la opresión, la persecución, también nuestra fe es muy ligth , muy de la boca para afuera. Muchos ni van a compartir la fe, entonces pasa lo que temían aquellos judíos: hay peligro cierto de perder la fe. O reemplazar la fe por nuevas fe que afirman al hombre como  centro de todo: cree en vos mismo, es lo que vale, cree en la energía que mueve al mundo…cree en amuletos, cree en figuritas que pasaron alguna vez por la tierra y no siempre fueron santos… cree en una cinta roja, en una ristra de ajo, en… y sigue la lista de amuletos en que apoyamos la pobre fe.


La respuesta de Jesús sobre lo que hizo David un día sábado, puede pasar desapercibida. Pero a poco de pensarlo, es impactante lo siguiente: no había en ese tiempo Biblias impresas en las casas de familias. Solo una en la sinagoga escrita a mano… o sea que todo lo que Jesús sabía y explicaba, era porque lo había escuchado en sus treinta años de vida en Nazaret, o sea que frecuentaba el templo y lo hacía con una atención increíble a tal punto de recordar un capítulo que habrá escuchado vaya a saber cuándo…ufff… un llamado de atención para todos… casi que aquellas espigas que sacaban los discípulos, bien podría ser una manera de desgranar la Palabra, hacerla vida y convertirnos en evangelios vivientes que alguien pueda leer durante el día. 

Hoy hay Google, hoy hay más facilidades, hoy te llega la Palabra a tu casa por la computadora o el celular o móvil… ¿cuánto lees y desgranas? ¿Cuánto se queda en tu inteligencia? ¿Cuánto se hace vida? ¿Puedes recordar alguna cita que conmovió tu vida alguna vez, que buscaste luego y la aprendiste de memoria un tiempo?.¿En las celebraciones te deja algún mensaje la Palabra de Dios? a veces cuando el sacerdote pregunta algo sobre lo escuchado, nos damos vuelta, bajamos la vista porque no nos acordamos nada, porque estábamos pensando en otra cosa.


Y lo que también nos deja la lectura de hoy es que hay urgencia por hacer el bien. Para el bien no hay sábado, domingo, siesta, noche, madrugada… siempre hay urgencia por hacer el bien y más cuando se trata del hambre de los demás.


Buena jornada para todos.
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