sábado, 24 de septiembre de 2016

ENTREGADO EN MANO DE LOS HOMBRES Lucas 9,43b-45.


Mientras todos se admiraban por las cosas que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: "Escuchen bien esto que les digo: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres".
Pero ellos no entendían estas palabras: su sentido les estaba velado de manera que no podían comprenderlas, y temían interrogar a Jesús acerca de esto. (Palabra del Señor)


San Lucas quiere establecer el contraste entre la parte de arriba de la ola y lo más bajo. La gente se admiraba, hablaba de lo increíble que era Jesús, de su obra, de sus milagros, y los discípulos veían eso, y confirmaban su fe: este hombre es el que debía venir. Increíblemente está con nosotros el esperado, el prometido desde siempre… y es verdad que vino a salvar a su pueblo, a liberarlo…y ya lo veían rey, libertador, revolucionario…


Y ante el asombro de la gente, Jesús baja los decibeles. Es como decirles, que su victoria pasaría por otro lado, pasaría por la “derrota” , por ser traicionado, entregado, mal juzgado y muerto en una cruz…si, en una ¡cruz! que era la condena para los peores reos, la peor muerte no solo por el dolor sino por lo que significaba, estar colgado retorciéndose de dolor ante la vista de todos los que quisieran ver y también burlarse…


Y fue eso lo que no querían entender. No les simpatizaba la idea, no compartían esa visión, pues lo querían fuerte, ganador, gallardo y triunfante ante los opresores del pueblo. ¡Locura de la cruz!



Yo sólo me gloriaré en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí, como yo lo estoy para el mundo. Dirá san Pablo en la carta a los Gálatas.


Entonces aquello que se tardó en aceptar, que tardó en romper la vergüenza de tener al ídolo, al jefe, al maestro colgado en una de ella, con el tiempo sería la gloria por la que Él debió pasar, y que a nosotros nos significó el más grande puente hacia todo lo bueno que vendrá de ahí para adelante.


Porque había un abismo: ese que nos separaba a la felicidad…fue unido por ese puente llamado cruz.

Había una grieta entre los hombres, difícil de unir, que fue solucionada con el puente hecho con una cruz.

Había infinidad de pozos de agua que saciaban la sed y había que volver a ellos, hasta que una cruz cavó un pozo de agua viva que satisfacía y ¡satisface! la sed para siempre.

Porque había dolor sin sentido, dolor con rabia, dolor como maldición… hasta que una cruz hizo que el dolor sea para sanar, para salvar, para liberar a otros del dolor.

Había sacrificio, solo por el hecho de vivir, hasta que una cruz hizo que el sacrificio fuese para dar vida, para triunfar, para ganar para siempre.


¡Si pudiésemos decir como san Pablo: crucificados para el mundo!  Quizás le pediríamos al Señor que nos deje subir al lado de atrás de la cruz, que está vacía, esperando que cada uno suba para salvar al pequeño mundo en que vive, mamá, papá, amigos, hijos, alumnos, fieles…entregar la vida en cada gesto, en cada palabra, en cada actitud que voy convirtiendo para ser luz entre los que me rodean.


Buena jornada para todos. 
Publicar un comentario