lunes, 5 de septiembre de 2016

LA MANO PARALIZADA Lucas 6,6-11.



Otro sábado, entró en la sinagoga y comenzó a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada.
Los escribas y los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si curaba en sábado, porque querían encontrar algo de qué acusarlo.
Pero Jesús, conociendo sus intenciones, dijo al hombre que tenía la mano paralizada: "Levántate y quédate de pie delante de todos". El se levantó y permaneció de pie.
Luego les dijo: "Yo les pregunto: ¿Está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?".
Y dirigiendo una mirada a todos, dijo al hombre: "Extiende tu mano". El la extendió y su mano quedó curada.
Pero ellos se enfurecieron, y deliberaban entre sí para ver qué podían hacer contra Jesús. (Palabra del Señor)


Ayer, cuando nos alegrábamos por la santidad de Santa Teresa de Calcuta, una oración nos recordaba su entrega generosa y fiel:


Señor, Cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comida;

Cuando tenga sed, mándame alguien que necesite una bebida;
Cuando tenga frío, mándame alguien que necesite calor;
Cuando tenga un disgusto, preséntame alguien que necesite consuelo;
Cuando mi cruz se haga pesada, haz que comparta la cruz de otro;
Cuando esté pobre, ponme cerca de alguien necesitado;
Cuando me falte tiempo, dame alguien que necesite unos minutos míos;
Cuando sufra una humillación, dame la ocasión de alabar a alguien;
Cuando esté desanimado, mándame alguien a quien tenga que dar ánimo;
Cuando sienta necesidad de la comprensión de los demás, mándame alguien que necesite la mía;
Cuando sienta necesidad de que me cuiden, mándame alguien a quien tenga que cuidar;
Cuando piense en mí mismo, atrae mi atención hacia otra persona.
Hazme digno, Señor, de servir a mis hermanos, que viven y mueren pobres y hambrientos en este mundo de hoy.
Dales, a través de mis manos, el pan de cada día; y dales paz y alegría, gracias a mi amor comprensivo.


Entonces nos preguntamos, leyendo el evangelio de hoy: ¿cuántos de nosotros tenemos la mano derecha paralizada?  ¿O las dos?...la mano seca , es una mano inútil, que pesa, que incomoda. Jesús le da vida, agilidad, movimiento, devuelve a aquel cuerpo, a aquel muchacho, la plenitud de la actividad…¿Cuántos somos los que después de rezar con santa Teresa de Calcuta, sentimos que nos quejamos “de lleno”, que deberíamos dar más de lo que damos, que a poco que giremos nuestra mirada, nos encontramos con gente necesitada, no quizás como las de Calcuta, pero si con necesidades espirituales y materiales que podríamos cubrir muy bien nosotros.

Y una pregunta que hace Jesús: Yo les pregunto: ¿Está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?". Pues toda la preocupación parece que pasaba si Jesús hacía un milagro o curación en sábado o no. Traducida la pregunta es: si no hacemos el bien, entonces hacemos el mal…no solo dejamos de hacer el bien, sino que hacemos el mal. Que duro ¿verdad?. Entonces nos cuestionamos por las veces que dejamos de hacer el bien…esas veces le hicimos una fiesta al mal, pecados de omisión que ni tenemos en cuenta, energía positiva que no ponemos en el sistema de las buenas ondas…


Buena jornada para todos… que nuestra mano, que nuestra capacidad para dar, salga del letargo, para que podamos hacer el bien SIEMPRE.
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