miércoles, 28 de septiembre de 2016

SEÑOR,¡¡¡ TE SEGUIRÉ!!! Lucas 9,57-62.


Mientras Jesús y sus discípulos iban caminando, alguien le dijo a Jesús: "¡Te seguiré adonde vayas!".
Jesús le respondió: "Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza".
Y dijo a otro: "Sígueme". El respondió: "Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre".
Pero Jesús le respondió: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios".
Otro le dijo: "Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos".
Jesús le respondió: "El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios". (Palabra del Señor).


Les comparto una experiencia de una señora, del Movimiento de Comunión y Liberación, que en un Congreso de apostolado Seglar en España, decía al final de su conferencia:


A los 21 años tuve mi encuentro definitivo con la Iglesia, en la carne del movimiento Comunión y Liberación, al que pertenezco. La cosa pasó en Alemania, adonde había acudido para estudiar un curso universitario.


Conocí a un grupo de personas interesantes, con una pasión por la vida excepcional, con una alegría tranquila, la que da el haber encontrado la certeza. Entre ellas había un tipo, Martin Groos, que me fascinaba. En nuestras conversaciones demostraba una y otra vez una inteligencia distinta sobre las cosas. No era sólo que fuese listo y culto, que lo era, es que miraba la realidad desde otro punto de vista, con una lucidez que me descolocaba…


Bueno, ocurrió que esta gente se reunía los viernes por la tarde en Colonia, y que mi residencia y mi centro de estudios estaban en Bonn. Así que Martin me dijo un día: “Cristina, si quieres entender más, deberías venir los viernes a Colonia”. Parecía una propuesta fácil, pero tenía su complicación. Era un invierno endiabladamente frío y lo que he llamado “reuniones por la tarde” era una cita de 7 a 8 en lo que en realidad eran noches cerradas. Lo que Martin me proponía suponía significaba tomar el tren de Bonn a Colonia, sumarme a la reunión en casa de Martin y su mujer, María, y hacia las nueve de una noche espantosa, en medio de la nieve, regresar en otro tren a Bonn. Entre pitos y flautas me daban las once, y al día siguiente yo tenía clase a las seis y media de la mañana. Me parecía de todo punto absurdo. ¿Cómo podía compensarme una cosa así? ¡Podíamos vernos de vez en cuando a comer, o charlar por teléfono! Un día hubo una conversación trascendental y, volviendo sobre lo de la reunión, Martin se limitó a decirme: “Mira Cristina, llevas toda la vida poniendo las reglas del juego y jugando a tu manera. De eso se trata, de que por una vez sigas las reglas de Otro”.

…después, en mi habitación, la frase me volvió a la cabeza. Y pensé ¿y qué pierdo probando? Lo que puedo conseguir por mis propias fuerzas ya lo sé, llevo 21 años de experiencia y no acaba de satisfacerme ¿y si Otro supiese de mí más que yo misma? Y decidí probar. les puedo asegurar que ese invierno absurdo, dando vueltas en tren con dos pantalones superpuestos y forrada de arriba abajo, cambió mi vida. Desde entonces he aprendido que el método de la vida es el seguimiento. Que la iniciativa la plantea Él.

Casi 20 años después me he convertido en una especie de lechuza especializada en mirar lo que me rodea y obedecer lo que Cristo indica a través de la realidad. En este camino mi matrimonio se ha salvado y crece, mi familia y mi trabajo se profundizan; mis amistades, mi esperanza y mi certeza aumentan. Es el mismo método que movió a los apóstoles a dejar las redes y seguirle. El mismo que cambió la forma de vida de Agustín, de Francisco Javier, de Edith Stein. Sólo le pido a Dios que algun día me haga la caridad de hacerme parecida a ellos.


Ejemplos de estos, hay muchos. Se los  comparto,  porque parece que en la vida vivimos poniendo condiciones para seguir a Jesús. Cuando alguien nos llamó, pusimos excusas, cuando estamos con Él ponemos excusas…el tiempo, el pasado, la falta de comodidad, los hijos, la salud de los padres, el crecimiento económico debido, la juventud… ¿y si alguna vez dejamos que Jesús ponga las reglas? No promete confort, pide dejar atrás el pasado, pide no mirar más ese pasado que a veces nos ata, pide seguirlo…


Buena jornada para todos. Que también nosotros podamos parecernos a los discípulos que dejándolo todo, lo siguieron.
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