sábado, 8 de octubre de 2016

ESCUCHAR Y PRACTICAR LA PALABRA Lucas 11,27-28.


Cuando Jesús terminó de hablar, una mujer levantó la voz en medio de la multitud y le dijo: "¡Feliz el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron!".
Jesús le respondió: "Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican". (Palabra del Señor)


Una sola mujer lo llevo en su vientre…una sola mujer lo dio a luz…ese punto, se convierte en línea, esa línea en un plano, y ese plano en un volumen. Jesús expande la dicha y la felicidad a todos los que, como María, escuchan la Palabra de Dios y sobre todo la practican.

En el sermón de la montaña, Jesús decía felices los pobres, felices los pacientes, felices los que lloran, felices los que trabajan por la paz, felices los limpios de corazón… nos marcaba un camino, nos indicaba por donde ir en la vida si queremos llamarnos verdaderamente cristianos. Hoy dice nuevamente “felices”, tal vez algo más universal y eterno, porque nos dice que escuchar y practicar la Palabra de Dios, llenará  nuestra vida, colmará nuestras expectativas, a nosotros, los que ya pasaron y los que vendrán…

La Palabra de Dios no solo se percibe con el oído, se capta con el corazón…

No grita, se siente en la intimidad más profunda de nuestro ser…

La Palabra de Dios conforta y alienta… cuando estamos desanimados por algo ella acude a nuestra alma y sin proponerlo quizás, por la misma vida que porta, nos levanta el ánimo, nos fortalece…

La Palabra de Dios modera, cuando uno está en lo alto de la ola, pero da fervor y pasión, cuando uno anda en esos días de tibieza espiritual…

La Palabra de Dios calma , en momentos de zozobra o angustia.

La Palabra de Dios infunde valor en momentos de miedo.
Es luz , en esos momentos de duda que llegan a veces sin quererlo.



La Palabra de Dios nos reconcilia con un Dios bueno, misericordioso, amable, papá con todas las letras.

La Palabra de Dios nos confirma e impulsa cuando estamos en el bien…

Pero no basta escuchar con el corazón… hay que dejarla ser. Esto es llevarla a la vida. Porque es fácil decir: hay que ser paciente, lo difícil es serlo… es fácil decir debo ser misericordioso como Jesús, lo difícil es hacerlo realidad cuando salgo a la calle y me “enfrento” con la vida…

Entonces se trata de dar pequeños pasos: ¿Qué haría Jesús aquí y ahora? ¿Cómo resolvería esta situación?...y como habremos dejado que Jesús habite en nuestra vida, la respuesta vendrá desde nuestro interior, desde nuestra conciencia renovada y fortalecida con su palabra.


Pasos a dar:
  • ·         escuchar con el oído ( o leer).
  • ·         Percibir con el corazón.
  • ·         Dejarla que haga una revolución en nuestros sentimientos, alma, y espíritu.
  • ·         Vivir según esa respuesta interior que da Jesús viviendo en el corazón.


Ojala nos animemos al desafío. Nos ayuda María que según el evangelio conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón.(Lc 2) … y vaya si después cumplió y practicó la Palabra.


Buena jornada para todos.
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