martes, 22 de noviembre de 2016

ESTAR ATENTOS Lucas 21,5-11.

Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: 
"De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido".
Ellos le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?".
Jesús respondió: "Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: 'Soy yo', y también: 'El tiempo está cerca'. No los sigan.
Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin".
Después les dijo: "Se levantará nación contra nación y reino contra reino.
Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo." (Palabra del Señor)

Estos días, previos a comenzar con el período de Adviento, el evangelio nos trae una serie de recomendaciones o de advertencias, que siempre son buenas para tenerlas en cuenta para nuestro peregrinar aquí en la tierra. Un camino que se hace gozo en su presencia, pero para el cual debemos advertir, darnos cuenta, estar atentos a cada señal y de donde vienen estas señales.


Es que estamos siempre aturdidos, llenos, empalagados, de tanto ruido, mundo , oportunidades de compra, del ya o ya porque si no se pierden las oportunidades, de la competencia, de ir y venir y llegar a la noche cansados sin haber , a veces, disfrutado de cada momento, aturdidos del ruido de la calle, de la radio o la tele, llenos de internet, de mensajes, de estar todo el día con el celular o móvil, de estar atentos a una llamada o a un mensaje. Porque estamos llenos de imágenes, de videos, de “no silencios”, que no nos dejan tiempo para lo intuitivo, para apreciar desde el corazón, para dejarnos llevar por el Espíritu que nos lleva a lugares distinto de aquellos, más de calma, de serenidad, de reflexión, de sensatez quizás.

Hoy el evangelio  nos recuerda que todo lo humano, AUN LOS FRUTOS DEL FERVOR RELIGIOSO, como el templo, es caduco… todo pasa…

Nada te turbe, 
nada te espante, 
todo se pasa, 
Dios no se muda;
la paciencia 
todo lo alcanza; 
quien a Dios tiene 
nada le falta:
Sólo Dios basta.


Nos decía santa Teresa para recordarnos que todo pasa, solo Dios queda…
Nuestros templos, nuestras casas, nuestro cuerpo… todo caduca. Pero surge cada más sólido, el templo interior, porque está hecho sobre roca, el templo donde reside Dios…


¡Y cuantos “templos” nos hicimos con el tiempo!, que creímos que nunca pasarán, templos en que aferramos nuestra vida, que  sostienen nuestra alma, cuantas seguridades nos hicimos , cuantos mesías escuchamos,


Cuántos de esos que habla el evangelio hoy: Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: 'Soy yo', que quieren , con buena o mala intención apoderare del lugar que ha conquistado Jesús para nosotros.  Cuantos ídolos de plomo, pero con pies de barro que se desarman con el tiempo y se caen y arrastran ilusiones de tanto que confiaban en él o ellos…





Entonces surge esto otro: ojalá estemos atento a todo lo que nos rodea para saber distinguir entre tanto, que es lo que nos acerca a Dios, cuyos frutos son   amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza,
mansedumbre y temperancia. ( gal 5,22) esto nos ayuda a saber que viene de Dios y que no viene de Él. Porque lo de Él, incluyendo la vocación, nos da paz, mucha paz…


Buena jornada para todos. Que estemos atentos a sus signos, a sus mimos diarios, a sus mensajes que pueden venir del lugar menos pensado, pero son esos pensamientos que nos traen paz.
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