viernes, 18 de noviembre de 2016

JESÚS ECHA A LOS VENDEDORES Lucas 19,45-48.


Jesús al entrar al Templo, se puso a echar a los vendedores,
diciéndoles: "Está escrito: Mi casa será una casa de oración, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones".
Y diariamente enseñaba en el Templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los más importantes del pueblo, buscaban la forma de matarlo.
Pero no sabían cómo hacerlo, porque todo el pueblo lo escuchaba y estaba pendiente de sus palabras. (Palabra del Señor).


Para facilitar el cambio de monedas a los judíos y para que pudieran pagar los impuestos sagrados en moneda del templo, estaban los cambistas. Luego se extendió el acceso a los mercaderes que en lugares autorizados ofrecían las víctimas que se adquirían para luego, ofrecerlas en el templo, desde un buey u oveja para los más ricos o una paloma para los más pobres…

Estaba  cerca  la fiesta de la Pascua, y Jesús, ya en Jerusalén, enseñaba en el templo. Estaba al final de su recorrido en la tierra y cada cosa que hacía o decía era observada atentamente por aquellos que querían eliminarlo de una vez y para siempre.


Y Jesús se enoja, se fastidia con los que en el templo hacían comercios viles con la gente, ensuciaban, gritaban, molestaban a los demás se peleaban por un cliente o entre ellos…no interesaba el templo, ni el sacrificio, ni el significado de cada “víctima” de sacrificio…importaba su comercio su interés, su ganancia.


Aquellos profanaban lo sagrado y lograron el fastidio del Señor… quizás sea bueno pensar si nosotros  hoy, de una u otra manera no hacemos algo similar, no respetando lugares sagrados,  y nuestras casas de oración son salas de reuniones sociales, conferencias públicas de chismosos que van para criticar o hablar mal de otros, desfiles de moda, o encuentros de maniquíes o modelos,  son  una sala  de chateo esperando el momento del “Pueden ir en paz”,  o de encuentro de compadres, comadres, de parientes que no se ven nunca y que una celebración por algún difunto, los une por un rato…


Y dice el evangelio: Los sumos sacerdotes, los escribas y los más importantes del pueblo, buscaban la forma de matarlo.
Pero no sabían cómo hacerlo, porque todo el pueblo lo escuchaba y estaba pendiente de sus palabras…
actitudes como esta de Jesús, eran como la gota que rebalsa el vaso… los que no querían escuchar ni saber de él, querían eliminarlo, mientras tanto la gente sencilla, humilde, quería escucharle siempre…  ¿con quién nos identificamos? ¿Es Jesús alguien que molesta, que inquieta, al que no quiero escuchar? O ¿me empeño por escuchar y leer el evangelio, su libro, su palabra?

Estas cosas, también casi que hacen el mismo itinerario que todo lo sagrado: primero se asume como una obligación, hasta que con el tiempo te das cuenta que es una necesidad, casi como el aire que respiramos. Y entonces estamos pendiente de sus palabras  como aquellos contemporáneos de Jesús, porque sentimos que nos habla, que nos dice algo para el día a día, porque siempre es un mensaje nuevo, renovado, porque nuevas son las circunstancias que rodean la vida.


Buena jornada para todos. Que seamos parte de ese pueblo que estaba pendiente de sus palabras.
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