viernes, 25 de noviembre de 2016

LA PALABRA NO PASARÁ JAMÁS Lucas 21,29-33.


Jesús hizo a sus discípulos esta comparación:
"Miren lo que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol.
Cuando comienza a echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano.
Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca.
Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto.
El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán." (Palabra del Señor)


Capacidad de observación. Eso que a veces, por el ritmo de vida, porque ahora tenemos “todo servido”, vamos perdiendo poco a poco. Nos cuesta levantar la mirada para ver el paisaje, el sol, la luna, las estrellas, un amanecer o un atardecer y muchas veces esto queda relegado para las vacaciones o para el fin de semana. Pero todos los días, a cada instante, Dios, la naturaleza, nos brindan pequeños milagros que pasan desapercibidos por estar mirando al piso, preocupados, ansiosos, yendo de aquí para allá, sin contemplar cada sorpresa que día a día me tiene preparado Dios.


En mi ciudad, en cada esquina siempre hay una sorpresa: una montaña, ahora de color gris profundo, a la tarde iluminada de lleno, cambia por el color natural, nieves en los cerros, verde, ceibos  hermosos que visten las calles… el canto de los pájaros que anuncian la llegada del día…ojalá que nunca perdamos la capacidad de observación.


Cuando las nubes vienen “cargadas” desde el éste, se que lloverá seguro.
Si las montañas del oeste, se limpian con el cielo azul por arriba totalmente despejado, es porque está corriendo un viento “zonda” que viene desde el pacífico… y cada cual sabe y tiene en claro algunos pequeños signos de la naturaleza que nos presagian algo, quizás porque aprendimos de la observación o porque son enseñanzas que vienen de generación en generación, pero ojalá que nunca perdamos la capacidad de observación…

Punto de partida para poder observar con ojos de la fe, aquello que acontece día a día.


Jesús insiste en dos puntos: 
1.     En la atención que hay que dar a los signos de los tiempos :
Discernir, no es fácil, es una tarea que implica fe. Es cuestión de no encerrarse en el problema o el momento presente, sino mantener el horizonte abierto, mirando al futuro, mirando al cielo. Decirlo es fácil, entender el mensaje, a veces solo en la fe y con la fe, podremos hacerlo.


2.    La esperanza, fundada en la firmeza de la Palabra de Dios que nos quita el miedo, la tristeza, la angustia, la desesperanza.
Muchas palabras, muchos libros, muchos mensajes,  con el tiempo pierden actualidad. Hasta leyes, o normas dictadas que produjeron en su momento muchas discusiones y reuniones, quedan obsoletas, con el paso del tiempo y las nuevas épocas… pero solo la Palabra queda y es un mensaje que llega al alma. En el libro del profeta Isaías leemos:

Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come,
Así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé.

Así que, cada vez que lees o escuchas la Palabra de Dios, es el mismo Jesús que pasa a través de tus ojos o tus oídos y que penetra la mente y el corazón y ALGO HACE en tu vida, que la hace mejor para vos y para los que te rodean.


Buena jornada para todos: atentos a los signos y llenos de esperanza, pues su Palabra no pasará jamás y si hemos elegido su Palabra, seremos eternidad.
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