sábado, 12 de noviembre de 2016

ORAR SIN DESANIMARNOS Lucas 18,1-8.


Jesús enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse:
"En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres;
y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: 'Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario'.
Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: 'Yo no temo a Dios ni me importan los hombres, pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme'".
Y el Señor dijo: "Oigan lo que dijo este juez injusto.
Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar?
Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?". (Palabra del Señor)


Mamerto  Menapace, monje benedictino,  nos llena de cuentos para ayudarnos  en nuestras relaciones  con Dios.


Este es un fragmento de uno de ellos: se trata de una araña que fue construyendo su tela día a día y ampliando los círculos, partiendo de un hilo primordial, a medida que sus presas eran cada vez más grandes y en mayor cantidad…


Así amaneció el día fatal. Era una mañana de verano pleno. Se despertó con el sol naciente. La luz rasante trizaba las perlas del rocío cristalizado en gotas en su tela. Y en el centro de su tela radiante, la araña adulta se sintió el centro del mundo. Y comenzó a filosofar. Satisfecha de sí misma, quiso darse a sí misma la razón de todo lo que existía a su alrededor. Ella no sabía que de tanto mirar lo cercano, se había vuelto miope. De tanto preocuparse sólo por lo inmediato y urgente, terminó por olvidar que más allá de ella y del radio de su tela, aún quedaba mucho mundo con existencia y realidad. Podría al menos haberlo intuido del hecho de que todas sus presas venían del más allá. Pero también había perdido la capacidad de intuición. Diría que a ella no le interesaba el mundo del más allá; sólo le interesaba lo que del más allá llegaba hasta ella. En el fondo sólo se interesaba por ella y nada más, salvo quizá por su tela cazadora.

Y mirando su tela, comenzó a encontrarle la finalidad a cada hilo. Sabía de dónde partían y hacia dónde se dirigían. Dónde se enganchaban y para qué servían.


Hasta que se topó con ese bendito hilo primordial. Intrigada trató de recordar cuándo lo había tejido. Y ya no logró recordarlo. Porque a esa altura de la vida los recuerdos, para poder durarle, tenían que estar ligados a alguna presa conquistada. Su memoria era eminentemente utilitarista. Y ese hilo  no había apresado nada en todos aquellos meses. Se preguntó entonces a dónde conduciría. Y tampoco logró darse una respuesta apropiada. Esto le dio rabia. ¡Caramba! Ella era una araña práctica, científica y técnica. Que no le vinieran ya con poemas infantiles de vuelos en atardeceres tibios de primavera. O ese hilo servía para algo, o había que eliminarlo. ¡Faltaba más, que hubiera que ocuparse de cosas inútiles a una altura de la vida en que eran tan exigentes las tareas de crecimiento y subsistencia!


Y le dio tanta rabia el no verle sentido al hilo primordial, que tomándolo entre las pinzas de sus mandíbulas, lo seccionó de un solo golpe.


¡Nunca lo hubiera hecho! Al perder su punto de tensión hacia arriba, la tela se cerró como una trampa fatal sobre la araña….


Ese hilo primordial, que ,parecía, no servía, que era inútil, que no encajaba con cada una de las partes de la historia, era nada más ni nada menos el hilo que mantenía la tensión de la tela hacia arriba, y cayó. Se derrumbó, todo lo que había construido, que estaba sujeto por este hilo, se vino abajo…

Nos pasa que desde este hilo primordial, desde Dios, hacemos poco a poco nuestra vida, y ahí vamos haciendo círculos de confianza, de amistad, de historias donde cada circulo tiene que ver con parte de esa historia…y de repente, orgullosos, satisfechos, nos damos cuenta de un hilo que parece molestar a la bella obra realizada. Y lo cortamos, cortamos la comunicación con el cielo, con Jesús, y todo se desmorona, se viene abajo… ese hilo nos mantenía vivos, nos permitía construir día a día la historia…


Hoy Jesús nos dice que debemos rezar sin desanimarnos, sabiendo que aunque parezca a veces que Dios no nos escucha, ese hilo es fundamental para nuestra vida, es imprescindible, y sin él, seguramente nuestra vida se desmoronará… es un hilo insignificante al lado de todo lo que vivimos…pero ¡¡¡tan necesario!!!.

Que cuando venga el hijo del hombre, cuando sea nuestro momento final, esa fe, ese hilo primordial, se mantenga firme. Con él, podremos presentar lo que somos, lo que tenemos, el amor que hemos dado, los círculos que hemos construido para el bien de los demás.

Buena jornada para todos.
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