jueves, 22 de diciembre de 2016

EL MAGNIFICAT Lucas 1,46-56.



María dijo entonces:
"Mi alma canta la grandeza del Señor,
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,
porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora.
En adelante todas las generaciones me llamarán feliz".
Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas:
¡su Nombre es santo!
Su misericordia se extiende de generación en generación
sobre aquellos que lo temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.
Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su servidor,
acordándose de su misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abraham y de su descendencia para siempre".
María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa. (Palabra del Señor)

La alegría de María, es grandísima, porque recibió esa confirmación a lo privado suyo del anuncio del ángel en su casa de Nazaret. Ahora si quedaba en paz y saltaba de felicidad alabando a Dios.





Recuerdo mucho algo que me aconteció. Más o menos al comienzo de 2001 cuando hubo una crisis grande en el país, yo prácticamente me quedé sin trabajo, pues soy cuentapropista de construcción.  Tenía un solo muchacho a quien controlar en una casa religiosa donde estábamos haciendo tareas muy menores. De mañana, cuando iba a ver al muchacho, pasaba por la capilla, y rezaba un  rato frente al sagrario. Pasaba el tiempo y mi situación se me complicaba en demasía. Los gastos, los impuestos… mi señora partía a su trabajo y mis hijos a la escuela y yo quedaba solo en casa sin  nada por hacer, con la impotencia de sentirme inútil, fracasado, triste y todo eso que a uno le pasa cuando está desempleado o con muy poco trabajo .

Entonces las visitas al sagrario, se volvían reproches, y lágrimas, y el ¿por qué yo? ¿Por qué me haces esto Señor? Vos me dijiste que busque el reino de los cielos y todo lo demás se da…pero no pasa nada… sos bueno con todos y a mí me olvidaste…

Hasta que un buen día, un lunes recuerdo, después del reproche y cuando me daba vuelta para irme, con la misma fuerza de mi reproche, escuche un mandato interior que me decía: ¡espera, veni un momento, sentate! Ese día había una silla frente al agrario que, parece, había quedado del día anterior. Me senté. Ese mismo mandato me dijo: comienza a agradecer, y comencé tímidamente: por mamá, por papá (estaban vivos ese tiempo), por mi esposa, por mis hijos, por mis amigos (cada uno), por mis manos, por mis pies… llevaba casi veinte minutos agradeciendo con lagrimas en los ojos. Y lo que primero fue forzado, luego fue en alabanza a Dios que me había dado tanto y YO NO LO VEÍA. Veía solo lo que me faltaba, lo del momento, lo circunstancial…desde aquel momento, agradezco mucho más que lo que pido.

Entonces, creo, proclamé yo también mi MAGNIFICAT, como lo hizo María aquella vez. Lo mío fue porque me hicieron dar cuenta lo mucho que me daban y por eso terminé alabando a Dios. Ella fue pura humildad, sencillez, felicidad, entrega servicio, alabanza al buen Dios.

Estos días cercanos ya a la Navidad, ¿te animas a hacer tu magníficat? Alabar a Dios por todo lo que te dio y da en este año, en estos años, hasta los malos momentos que sirvieron para fortalecer la vida. Por papá, mamá, abuelos, hijos, amigos. Por todo lo logrado, por las manos y pies que permiten trabajar, por la inteligencia que nos hace ser sabios, por la voluntad, por la salud…
La actitud es la humildad, los instrumentos son  las palabras

María nos trae la esperanza y, también, el ánimo a querer mirar y ver, ayudar y defender, recoger las tristezas y llevar alegrías, escuchar y hablar….Nos enseña a Alabar a Dios. Y agradecer por todo lo obrado.

Buena jornada para todos.
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