lunes, 9 de enero de 2017

LA BUENA NOTICIA Marcos 1,14-20.


Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo:
"El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia".
Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores.
Jesús les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres".
Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron.
Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron.(Palabra del Señor)


Proclamaba la buena noticia…la buena noticia hoy también es que Dios está, Dios es el contenido de la buena noticia. Dios es buena noticia. En el mundo demasiado violento, demasiado hedonista que vivimos, en El mundo poco solidario y donde se desprecia la vida humana sobre todo del pobre, del desvalido del anciano, del jubilado, del que no tiene medios económicos para pagar servicios sociales, Dios es buena noticia, porque ha venido a igualarnos, a darnos felicidad a todos, porque en  la cruz nos puso a todos y salvo a todos sin distinción.

Dios responde a la aspiración  más profunda del ser humano.

Hace dos días, en una entrevista de ACIPRENSA ,  el científico Arvid Carlsson, Premio Nobel de Medicina en el año 2000 por sus estudios sobre los neurotransmisores, afirmó que los genes con los que toda persona nace han sido recibidos de Dios y que la religiosidad es la forma natural de vivir del ser humano.

“Hemos nacido con genes que nos ha proporcionado Dios. Esta es la forma natural de vivir: en una relación con Dios en la que se reza a Dios y se cree en Dios”.

La anamnesis de Dios, la memoria de Dios impresa en el corazón del hombre. Es lo que nos impulsa a ser buenos, a buscar la verdad, es la que nos hace ver y distinguir lo bueno de lo malo, es  la que habla para indicar el camino correcto que muchas veces seguimos y que muchas veces no…
Es lo que san Agustin expresaba tan certeramente en esa oración tan pero tan intensa:

¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de tí aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti.

Dice Jesús: el tiempo se ha cumplido. Los fariseos decían que la llegada del reino dependía de sus esfuerzos, después de haber observado toda la ley… Jesús  dice, está aquí: no es  tiempo y  espacio… es alternativa de vida, es convertir la propia vida a un nuevo modo de sentir, de ver, de pensar de actuar, de vivir. Es la conversión a la que se nos llama hoy y siempre, es mirar con los ojos del Señor, a nuestros hermanos, es sentir con su mismo corazón o por lo menos ponernos en camino de ese destino cristiano. Ojala que estemos en camino. Pues la conversión será convertir en corazón de piedra en un corazón de carne para después convertir ese corazón de carne en un corazón divino, por eso no termina, necesitamos seguir convirtiéndonos para parecernos más a Jesús.

Buena jornada para todos…



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