miércoles, 1 de febrero de 2017

UN PROFETA ES DESPRECIADO EN SU PUEBLO Marcos 6,1-6.





Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos.
Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: "¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos?
¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?". Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo.
Por eso les dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa".
Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos.
Y él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente. (Palabra del Señor)

¡que pena! En su tierra, rodeado de familiares y amigos, allí donde uno generalmente encuentra contención ,abrigo, Jesús recibe rechazo, quizás no a su persona, pues seguía siendo aquel muchacho bueno que arreglaba las cosas de la comunidad, sino al misterio divino presente en su vida.

Y entonces vienen las preguntas, ¿a quién?:entre ellos…eso de cuestionar por cuestionar, y preguntar sin esperar ni querer respuesta, esa dureza que va engrandeciéndose a medida que los corrillos aumentan.

¿y que consiguen? Nada. Pues tantas preguntas sin esperar respuestas, sin dejar que el otro hable, sin preguntar al interesado, crea escepticismo y es como una bola de nieve que comienza pequeñita, pero que a medida que va descendiendo, va aumentando su tamaño.

Muchas veces nos pasa que vienen dudas de fe. Preguntas más o menos profundas, cuestionamientos a todo lo que rodea a Jesús… si somos un manojo de preguntas nada más, si no buscamos la respuesta , si no indagamos, leemos estudiamos, nos quedaremos como aquellos comprovincianos de Jesús, cerraremos el corazón y haremos una caparazón a la gracia que ya no podrá regar nuestra vida. Hay momentos en el crecimiento espiritual en que surgen las preguntas… ¿Cómo las resolvimos?

A veces creo que al mundo le pasa lo mismo. Demasiadas preguntas que para resolverlas, apelan a la ciencia, a la historia, a gurúes que se dicen depositarios de la verdad.  O lo que es común también, se regodean en la pregunta y con ironía o sin ella, cuestionan, y ponen al descubierto nuestra liviandad de fe, que en muchos casos se quedó con la fe del catecismo, chiquita y sencilla, que no responde a cuestionamientos propios, ni del lugar, ni del tiempo.

Que no nos pase entonces, eso de cuestionar por cuestionar, y cuando vengan cuestionamientos, preguntar. No estamos en épocas de poder decir: no sabía, no tenía a quien preguntar….estamos metidos en internet, estamos comunicados entre nosotros, amigos en red son sacerdotes, obispos…cuestión de preguntar, cuestión de no quedarnos con dudas, cuestión de aumentar la fe y no dejarla estancada, vieja, obsoleta, sin respuesta.

Dice que Jesús se asombraba de su falta de fe… que no diga lo mismo de nosotros.


Buena jornada para todos.
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