sábado, 4 de febrero de 2017

VENGAN A DESCANSAR Marcos 6,30-34.


Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
El les dijo: "Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco". Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer.
Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto.
Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos.
Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato. (Palabra del Señor).


Dios, desde la noche de mi ayer,
Dios, en el aroma que no hallé,
Dios, en la sonrisa que encontré,
Dios, allá en el niño que no fue.

Dios, desde la infancia hasta crecer
Dios, cuando perdí a los que amé
Dios, cuando lloraba sin saber
Siempre sin llamarte te encontré


No sé en qué calle, me dirás: ¡buen día!, ¡Ahh... tanto tiempo que no estamos juntos!. Yo te diré: estoy tan ocupado últimamente. ¿Y si te arrimas esta noche a casa?,  así charlamos y, y cenamos juntos.

Dios, esta noche cenaremos juntos,
habrá buen vino y estará en la mesa
lo más querido de mi vida entera
y algún recuerdo que golpeó a mi puerta.

Dios, esta noche cenaremos juntos,
no tardes tanto que la vida apura
no tiene tiempo y partirá a la una.


Sabes de mí, lo que de ti no supe nunca,
Tal vez no pregunté, o todos me engañaban.
Pero hoy sé que tu nombre me recuerda un milagro
que se ha quedado a oscuras en nuestro corazón.

Dios, esta noche cenaremos juntos,
no tardes tanto que la vida apura
no tiene tiempo y partirá a la una. 

Dios, no te olvides, la mesa estará puesta con flores, mantel blanco, y en la puerta el barullo de los chicos jugando. Dios, Dios espera, no te olvides,
esta noche a la una ...


Una canción de Daniel Altamirano un cantautor argentino.

Cuando leía una y otra vez este evangelio, me preguntaba si Jesús me hacía esta invitación:
Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco, ¿Cuál sería ese lugar?...

En el primer libro de los reyes nos cuentan esto:
El Señor le dijo: «Sal y quédate de pie en la montaña, delante del Señor». Y en ese momento el Señor pasaba. Sopló un viento huracanado que partía las montañas y resquebrajaba las rocas delante del Señor. Pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, hubo un terremoto. Pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, se encendió un fuego. Pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó el rumor de una brisa suave.
Al oírla, Elías se cubrió el rostro con su manto, salió y se quedó de pie a la entrada de la gruta. Entonces le llegó una voz, que decía: «¿Qué haces aquí, Elías?».

¿Cuál será para cada uno ese lugar tranquilo y sereno al que nos invita? Lo necesitamos, necesitamos retirarnos ante tanto ruido, ante tanto barullo, ante tanta lucha diaria, necesitamos el silencio de radio o de teve o de internet. Necesitamos volver a nuestras fuentes a reencontrarnos con nosotros mismos, a volver a ver el rostro de Dios. Jesús los invitó a sus apóstoles después de una misión, llegaron exhaustos sin tiempo ni para comer. Necesitaban el descanso, aunque más nos sea en el silencio y la tranquilidad del mar, ahí donde ellos encontraban la paz.

Necesitamos, debemos, es urgente, construir ( o reconstruir) la paz en nuestro interior para que lo podamos transmitir a los demás.

Esa canción de Altamirano, habla de una persona que , necesitado de la pausa, invita a Dios a cenar juntos, un momento de tu a tu, sin nadie más, tranquilos, sin intermediarios. ¡Cuánta falta nos hace tomar unos mates con Jesús! O sentarnos en una mesa de un bar en que no haya nadie,  solo él y yo, a tomar un café…. O sentarnos en el banco de una plaza después de un día de lluvia, o escaparnos a una montaña donde el silencio del abismo nos traiga la brisa suave de la caricia de Jesús.O en el silencio de una capilla que nos ayude a entrar en nosotros mismos para reencontrarnos con Dios que vive dentro. Es una invitación suya, ojalá que procuremos el lugar.

Después viene lo otro. Esa paz reconstruida, esa interioridad
reforzada, sirve para ayudar, para misericordear (si vale el término) a los demás en nombre de Jesús, que nos enseño a mirar a todos con compasión es decir compadeciendo con los otros, sus angustias, temores, fracasos, dolores.


Buena jornada para todos. 
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