viernes, 7 de abril de 2017

CREAN EN LAS OBRAS AUNQUE NO CREAN EN MÍ Juan 10,31-42.



Los judíos tomaron piedras para apedrearlo.
Entonces Jesús dijo: "Les hice ver muchas obras buenas que vienen del Padre; ¿Por cuál de ellas me quieren apedrear?".
Los judíos le respondieron: "No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino porque blasfemas, ya que, siendo hombre, te haces Dios".
Jesús les respondió: "¿No está escrito en la Ley: Yo dije: Ustedes son dioses?
Si la Ley llama dioses a los que Dios dirigió su Palabra -y la Escritura no puede ser anulada- ¿Cómo dicen: 'Tú blasfemas', a quien el Padre santificó y envió al mundo, porque dijo: "Yo soy Hijo de Dios"?
Si no hago las obras de mi Padre, no me crean;
pero si las hago, crean en las obras, aunque no me crean a mí. Así reconocerán y sabrán que el Padre está en mí y yo en el Padre".
Ellos intentaron nuevamente detenerlo, pero él se les escapó de las manos.
Jesús volvió a ir al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado, y se quedó allí.
Muchos fueron a verlo, y la gente decía: "Juan no ha hecho ningún signo, pero todo lo que dijo de este hombre era verdad".
Y en ese lugar muchos creyeron en él. (Palabra del Señor)

¡Cuánto les costaba reconocer a Jesús! Quizás, si fuéramos nosotros, también estaríamos en la misma. Fueron siglos esperando un Mesías poderoso, alguien extraño que llegaría con fuerza y pomposidad para destruir al opresor, y¡ tener que cambiar todo lo que creyeron y esperaron, romper sus esquemas, CREER… dejarse invadir por la VERDAD!… y si fuera en este tiempo, más aún , tan escépticos que somos a todo, y que le buscamos siempre “la quinta pata al gato”…y Jesús que les aclara esto: créanme aunque sea por las obras que hago, crean en el amor del Padre, y que el Padre me manda hacer esto… pero no, había un bloqueo mental y de fe que impedía ver más allá que un hombre común y corriente, venido de la región, que se higienizaba, que comía, que bebía, que dormía, que tenía un grupo de trabajadores sencillos al lado suyo y que no tenían armas…

El Padre Damián, beatificado por el Papa Juan pablo II en 1994, era un  sacerdote de Bélgica nacido en 1840. En 1863 partió  hacia la misión.
Poco después de llegar a Honolulú, fue ordenado sacerdote y enviado a una pequeña isla de Hawái.

Como en las islas Hawái había muchos leprosos, los vecinos obtuvieron del gobierno que a todo enfermo de lepra lo desterraran a la isla de Molokai. Esta isla se convirtió en un infierno de dolor sin esperanza. Los pobres enfermos, perseguidos en cacerías humanas, eran olvidados allí y dejados sin auxilios ni ayudas. Para olvidar sus penas se dedicaban los hombres al alcoholismo y los vicios y las mujeres a toda clase de supersticiones.

Al saber estas noticias el Padre Damián le pidió al  Obispo que le permitiera irse a vivir con los leprosos de Molokai. Al Monseñor le parecía casi increíble esta petición, pero le concedió el permiso, y allá se fue.

Llego allí en 1873.

Empezó a crear fuentes de trabajo para que los leprosos estuvieran distraídos. Luego organizó una banda de música. Fue recogiendo a los enfermos mas abandonados, y él mismo los atendía como abnegado enfermero.
Casi como un detalle: Como esas gentes no tenían casi dedos, ni manos, el Padre Damián les hacía él mismo el ataúd a los muertos, les cavaba la sepultura y fabricaba luego como un buen carpintero la cruz para sus tumbas.

 Aceptaba fumar en la pipa que ellos habían usado. Los saludaba dándoles la mano. Compartía con ellos en todas las acciones del día. Y sucedió lo que tenía que suceder: que se contagió de la lepra.  Un día metió el pie en una tinaja con agua hirviendo y no sintió nada. Se dio cuenta que la enfermedad se había apoderado de su cuerpo… y al tiempo,  murió compartiendo la misma enfermedad y el mismo dolor que los leprosos a quienes fue a rescatar de tanto abandono, haciéndole vivir sus últimos días con dignidad, ya que la lepra en ese tiempo era incurable.

El padre Damián fue donde estaban los enfermos , compartió con ellos y entregó su vida.

¿Qué necesidad tenía Dios de venir a la tierra y hacerse una insignificante creatura parecido a nosotros? Cuando uno ve la gente desde las alturas porque viaja en avión o sube a una montaña, puede ver lo pequeñito que somos y ahí abajo están el soberbio, el poderoso,  el ganador..Dios vino a hacerse así de pequeñito, PARA RESCATARNOS, la librarnos de nuestra enfermedad, que no es la lepra,  que es el pecado y aún así hay gente que no lo acepta, ni lo entiende y se ríe y se burla, y lo desprecia como veremos en los días de semana santa, donde se prioriza la salida,  las vacaciones, que centrarse en esos momentos para reflexionar sobre la propia vida.


Gracias Jesús, por hacerte tan pequeñito, para entendernos y porque siendo así, te quedaste para siempre con nosotros en ese pedacito de pan que podemos recibir día a día en la Eucaristía, más pequeñito aún, pero tan extraordinario que recibiéndolo, nos hacemos como Tu, nos hacemos tu mismo, te tenemos y tú tienes nuestra vida. Nos empoderas, nos haces dioses. Gracias Jesús.

Buena jornada para todos.
Publicar un comentario